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Silencio y sombreros: el PRI convierte el dolor en protesta en San Lázaro

Los sombreros se convirtieron en un recordatorio de que la violencia no distingue colores ni ideologías.

En la Cámara de Diputados, donde suelen escucharse discursos, aplausos y reclamos, hoy reinó el silencio. Sobre las curules del PRI, un sombrero en cada una. Fue el homenaje que los legisladores priistas rindieron a Carlos Mánzo, político michoacano asesinado hace unos días. Sin pancartas ni discursos encendidos, el gesto habló por sí solo: “no lo olvidamos y exigimos justicia.”

El acto, cargado de simbolismo, no fue improvisado. En política, los símbolos pesan, y el PRI buscó con este silencio hacer ruido. Los sombreros se convirtieron en un recordatorio de que la violencia no distingue colores ni ideologías, y de que en México ejercer la política puede costar la vida.

Más allá del homenaje, el mensaje fue claro: la violencia política se está normalizando. Al llevar la protesta al Congreso —el corazón de la democracia— los priistas quisieron decir que los asesinatos no deben quedar fuera del recinto, ni de la memoria pública. “Si matan a uno de los nuestros allá afuera, lo traemos aquí adentro para que no lo ignoren.”

El gesto, aunque simbólico, tiene peso político. No cambia leyes ni detiene balas, pero sí obliga a mirar de frente una realidad incómoda. Presiona al gobierno federal, a las fiscalías y al resto de los partidos, que deberán pronunciarse ante el reclamo de justicia.

El mensaje final se dirige a la presidenta Claudia Sheinbaum y a los fiscales estatales: no basta con condolencias en redes. Lo que se exige es justicia, investigación y garantías reales para ejercer la política en territorios donde el crimen organizado impone su ley.

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