Advertisement

Arquidiócesis de México rompe el silencio y reconoce deuda histórica con familias buscadoras

El llamado fue a superar la indiferencia y reconocer que los sistemas de seguridad no han cumplido su deber de proteger a la ciudadanía.

En un encuentro marcado por lágrimas, abrazos y silencios prolongados, la Arquidiócesis de México abrió sus puertas este 20 de noviembre a familias buscadoras que, desde distintos estados del país, continúan la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos. Esta vez, la Iglesia no sólo escuchó: pidió perdón.

Un inicio de autocrítica: “Fallamos por miedo y desconocimiento”

En nombre del cardenal Carlos Aguiar Retes, la Iglesia reconoció haber desatendido durante años el dolor de quienes buscan a sus hijos. El mensaje inaugural fue directo: hubo una época en la que la institución estaba más preocupada por su propia imagen que por el sufrimiento de las familias.

“Perdónennos si no las hemos recibido adecuadamente”, se dijo ante los colectivos presentes. La Arquidiócesis reconoció que algunas parroquias no mostraron la empatía ni la apertura que los familiares necesitaban, e hizo énfasis en que el acompañamiento pastoral no puede estar sujeto a temores institucionales.

Escuchar sin prejuicios: el método del encuentro

La reunión se desarrolló bajo un formato de escucha abierta. Se pidió suspender juicios y concentrarse en el dolor compartido. La Iglesia insistió en que la unidad —no la uniformidad— es el camino para reconstruir vínculos y generar espacios donde todas las voces puedan ser oídas.

El llamado fue a superar la indiferencia y reconocer que los sistemas de seguridad no han cumplido su deber de proteger a la ciudadanía, lo que aumenta el miedo y el desamparo de las familias.

Un país anestesiado ante la violencia

En su mensaje final, la Arquidiócesis expresó que la llamada “globalización de la indiferencia” se ha transformado en una “globalización de la impotencia”. Señaló que México se ha acostumbrado a las muertes violentas, a los cuerpos abandonados y al eco constante de los disparos. Esta normalización —advirtió— erosiona el espíritu colectivo.

La Iglesia también planteó una reflexión profunda: incluso quienes ejercen la violencia están atrapados en un círculo de daño. “Los victimarios también son víctimas”, se señaló, en referencia al impacto que la violencia tiene en sus propias familias y entornos.

El papel de la Iglesia: ni oposición ni aliada política, sino voz moral

Uno de los puntos centrales del discurso fue la posición institucional frente a la vida pública. La Iglesia dejó claro que no busca alinearse con partidos ni gobiernos: “No somos partido de oposición. Somos Iglesia de Cristo”, afirmó.

Se reivindicó la misión de denunciar injusticias, sin importar el costo político, al tiempo que se subrayó la responsabilidad de promover la reconciliación social. “No podemos permanecer neutrales cuando está en juego la dignidad de las personas”, se insistió.

Llamado al Estado: abrir las puertas a las víctimas

La Arquidiócesis urgió a las autoridades a dejar de cerrar las puertas a las familias buscadoras, un reclamo que colectivos han hecho por años. Exigió escuchar a quienes diariamente viven entre expedientes, búsquedas en campo y reuniones infructuosas en instituciones oficiales.

Pidió, además, abandonar la costumbre de culpar siempre al pasado y empezar a asumir responsabilidades presentes.

Una tregua nacional de un día

La Iglesia reinstaló un llamado que lanzó el año pasado: detener los asesinatos durante la celebración de la Virgen de Guadalupe. “Por lo menos un día, dejen sus armas”, pidió en referencia a grupos delictivos, señalando que un gesto así podría abrir un camino de reconciliación.

Un mensaje de esperanza en medio de la conmemoración de la Revolución

Al coincidir con el aniversario de la Revolución Mexicana, el encuentro buscó resignificar la fecha: “Hagamos de este encuentro una Revolución para la Paz”. El discurso final recordó que las familias buscadoras representan una reserva moral en un país herido.

“Cada pala y cada pico con el que buscan a sus hijos es un acto de amor”, reconoció la Iglesia, que se comprometió a seguir acompañando su causa.

“No están solas”: un cierre desde la cercanía

Entre testimonios de padres y madres que han tocado puertas sin respuesta, la Arquidiócesis pidió que el dolor de las familias sea asumido como dolor comunitario. Afirmó que sólo la perseverancia colectiva permitirá reconstruir los lazos rotos por la violencia.

“Caminemos unidos”, fue el llamado final, en un encuentro que, más que protocolario, buscó ser un espacio de contención espiritual.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

RSS
Follow by Email
Facebook
X (Twitter)
YouTube
Instagram
Telegram
WhatsApp
FbMessenger
Tiktok
¡La URL se ha copiado correctamente!