El diputado Ricardo Monreal Ávila, coordinador del Grupo Parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), alertó que el caso de Groenlandia evidencia cómo el nuevo imperialismo territorial puede avanzar de forma gradual, sin recurrir necesariamente a la fuerza militar, mediante presiones económicas o justificaciones estratégicas.
En un artículo difundido en sus redes sociales, titulado “Groenlandia: un eslabón más del nuevo imperialismo territorial”, Monreal revisa los antecedentes históricos y los intentos recientes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por adquirir ese territorio. Señala que estas propuestas son “un recordatorio de que el orden internacional puede fragmentarse si se normaliza la noción de que la soberanía es negociable cuando entran en juego intereses mayores”.
El legislador afirmó que para México este debate no es abstracto, pues el país tiene una memoria histórica marcada por el despojo territorial del siglo XIX, experiencia que explica por qué la defensa de la soberanía y de la integridad territorial ocupa un lugar central en la política exterior mexicana.
Indicó que esa memoria hoy se traduce en prevención y en la defensa del derecho internacional como condición de estabilidad, especialmente para los Estados con menor capacidad de respuesta ante presiones externas.
Monreal destacó que la Constitución mexicana consagra una defensa estricta del territorio nacional y prohíbe cualquier forma de intervención extranjera. Añadió que este marco fue reforzado recientemente mediante reformas constitucionales impulsadas por la presidenta Claudia Sheinbaum, que dejan claro que México no aceptará violaciones a su territorio ni intervenciones externas sin autorización expresa.
Finalmente, sostuvo que en un entorno internacional incierto, la claridad constitucional y la conducción de la política exterior permiten a México mantener una posición firme y respetuosa del derecho internacional. “Groenlandia no es todavía una anexión, pero sí una señal de advertencia”, concluyó, al señalar que defender la soberanía en el terreno de las ideas es una responsabilidad compartida.
















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