Las exportaciones de petróleo de Venezuela experimentaron un repunte significativo en enero de 2026, alcanzando aproximadamente 800 mil barriles por día (bpd), frente a los 498 mil bpd de diciembre, según datos de seguimiento de envíos marítimos. Este aumento representa un salto de más del 60% y marca una reconfiguración del comercio petrolero venezolano tras cambios geopolíticos de alto impacto.
El repunte se produce en un contexto de control estadounidense sobre la comercialización del crudo venezolano tras la captura del presidente Nicolás Maduro y el levantamiento de un bloqueo naval que había paralizado envíos desde finales de 2025. Washington autorizó licencias amplias para que empresas como Vitol y Trafigura exporten petróleo desde terminales en el Caribe, así como para que firmas estadounidenses operen en el sector.
Estados Unidos, que hasta hace poco estaba fuera de los principales destinos del crudo venezolano, volvió a posicionarse como el mayor receptor individual, con cerca de 284 mil bpd importados, de los cuales alrededor de 220 mil bpd provienen de cargamentos gestionados por Chevron. Este movimiento refleja el cambio en el control de los envíos y en la estructura de mercados tras años de sanciones y restricciones.
Este incremento contrasta con la fuerte caída de exportaciones que vivió Venezuela en octubre de 2025, cuando los envíos se redujeron cerca de 26% por la acumulación de inventarios y bloqueos a petroleros.
Mientras el flujo hacia Estados Unidos crece, las ventas a China, históricamente el principal comprador de crudo venezolano, han caído drásticamente, impulsando a algunas refinerías chinas a sustituir estos suministros con petróleo iraní debido a mejores condiciones de precio y disponibilidad.
El repunte de las exportaciones puede aliviar parcialmente las tensiones fiscales en Caracas, donde los ingresos petroleros han sido tradicionalmente el pilar de la economía. Sin embargo, la recuperación completa de la producción y de los niveles de exportación previos depende de la estabilidad de los acuerdos comerciales, la emisión de licencias adicionales y la mejora de la infraestructura energética venezolana, severamente deteriorada por años de falta de inversión y sanciones.
















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