En el marco del Día del Amor y la Amistad, el editorial Desde la Fe lanza un mensaje directo: poner a San Antonio de cabeza no resuelve la vida afectiva ni garantiza relaciones sanas. El texto subraya que ningún santo, por más devoción que despierte, hace el trabajo que corresponde a cada persona: aprender a amar con responsabilidad, respeto y entrega.
Desde esta provocación, el editorial reflexiona sobre el significado del amor en una cultura que busca soluciones rápidas y evita el esfuerzo emocional. Advierte que la palabra “amor” se usa con tanta frecuencia que muchas veces se reduce a una emoción pasajera, a una afinidad momentánea o a una conveniencia cómoda, especialmente en fechas marcadas por el consumo y el simbolismo romántico.
Frente a esa visión, la Iglesia propone entender el amor como una decisión profunda y exigente. A partir de la afirmación bíblica de que “Dios es amor”, el texto sostiene que amar no se limita a sentir, sino que implica participar del modo de ser de Dios. El amor auténtico, señala, no depende solo de la química inicial, sino que se construye, se cuida y se renueva, incluso cuando cuesta.
El editorial retoma el himno al amor de San Pablo para recordar que el amor se manifiesta en la paciencia, el servicio y la renuncia al egoísmo. Amar, desde el Evangelio, exige salir de uno mismo y colocar al otro en el centro, una tarea que demanda madurez y constancia.
Esta enseñanza, añade el texto, atraviesa el magisterio reciente de la Iglesia. Benedicto XVI, en Deus caritas est, explicó que el amor cristiano se expresa en obras concretas y compromiso, cuando el deseo se integra con la razón y la voluntad. En la misma línea, Francisco, en Amoris laetitia, recordó que el amor se aprende en la vida diaria, en la paciencia, el diálogo y la capacidad de perdonar.
Finalmente, Desde la Fe afirma que el amor profundo resulta contracultural en una sociedad marcada por la prisa y lo desechable. Recordó que Jesús no prometió relaciones sin dificultades, pero sí un amor capaz de atravesarlas y de ofrecer una alegría que no se agota.















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