El Carnaval Internacional de Mazatlán 2026 “Arriba la Tambora” inició el 12 de febrero en este puerto del Pacífico, que desde hace días vive una mezcla de celebración popular y un clima de tensión por violencia y múltiples desapariciones que golpean al estado de Sinaloa.
Las festividades, programadas hasta el 17 de febrero, cuentan con una alta expectativa turística —con una ocupación hotelera proyectada por arriba del 80-87 % y una derrama económica millonaria— y un operativo de seguridad integrado por más de 3 mil elementos de distintas fuerzas públicas para resguardar a visitantes y locales.
Sin embargo, la fiesta se desarrolla en medio de un contexto de inseguridad persistente: pocos días antes del inicio del carnaval se reportaron desapariciones de turistas provenientes de la Ciudad de México, donde cuatro hombres siguen sin localizarse tras ser interceptados por hombres armados en cuatrimotos.
Asimismo, Sinaloa enfrenta la crisis por la desaparición de 10 trabajadores mineros en Concordia, de los cuales al menos cinco ya fueron hallados sin vida en fosas clandestinas, mientras continúan pendientes las identidades de otros cuerpos y la localización de quienes faltan.
La ola de violencia y denuncias de desapariciones ha motivado protestas sociales en Mazatlán en los días previos al carnaval, con marchas de familiares exigiendo alto a los delitos y resultados concretos en las investigaciones.
Críticas y reclamos
Organizaciones de familiares de desaparecidos y activistas han cuestionado la realización del carnaval en este contexto, llegando a pedir que la gente no asista ante lo que califican de falta de seguridad real y justicia para las víctimas. La madre de un joven desaparecido en octubre pasado calificó de “acto de crueldad” la promoción del carnaval mientras los casos permanecen sin resolver.
Impacto en la imagen del destino
Representantes del sector empresarial y turístico reconocen que los recientes hechos de inseguridad podrían manchar la imagen del destino, aunque confían en que las cifras de ocupación y la vigilancia puedan mantener el flujo de visitantes.
El carnaval —una de las celebraciones culturales más antiguas de México, con más de un siglo de historia— intenta conjurar la sombra de la violencia con música y tradiciones, pero la dualidad entre fiesta y crisis social plantea un debate sobre prioridades en Sinaloa.
















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