En México el Día del Amor y la Amistad —como se nombra al 14 de febrero— se consolidó como una celebración que va más allá de las parejas y abraza también a amistades y vínculos familiares, lo que se traduce en compras, salidas y experiencias para todo tipo de públicos.
Cada año, miles de capitalinos recorren centros comerciales y calles buscando rosas, globos y chocolates, los regalos más populares, así como tarjetas y peluches que adquieren en el último momento antes de la fecha.
Según estimaciones de comerciantes, los mexicanos destinarán entre 950 y mil 800 pesos por persona para consentir a su persona especial.
Gastronomía y restaurantes son protagonistas la noche del 14: negocios en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey han preparado menús especiales, cenas maridaje y experiencias temáticas diseñadas para parejas y grupos que quieren compartir más que una comida sencilla.
Reservar con antelación es común ante la alta demanda, especialmente en ofertas gourmet o en locales con ambiente romántico.
Pero no todo es cena íntima: la ciudad también ofrece actividades masivas y gratuitas, como festivales de flores, conciertos, cine al aire libre y paseos públicos, pensados tanto para parejas como para grupos de amigos y familias.
En la Ciudad de México, el Jardín del Buen Amor y eventos culturales en plazas públicas buscan atraer a quienes desean vivir la fecha con experiencias más sociales.
Para quienes buscan algo más que un plan urbano, hoteles y destinos turísticos han promocionado paquetes que combinan hospedaje con cenas y actividades románticas: escapadas a la playa o centros coloniales como San Miguel de Allende son opciones frecuentes entre quienes disponen de fin de semana largo.
Mientras tanto, sectores como floricultura y gastronomía reportan un crecimiento en ventas y empleos relacionados con la fecha, reflejando el peso comercial del Día del Amor y la Amistad en la economía local.
En suma, entre flores, cenas elaboradas, eventos públicos e incluso fiestas para solteros o grupos de amigas, el 14 de febrero en México vive una mezcla de romance, amistad y economía festiva que va más allá del simple intercambio de regalos tradicionales.
















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