El Jueves Santo ocupa un lugar central en la Semana Santa porque marca el inicio del Triduo Pascual y concentra algunos de los episodios más decisivos del relato cristiano: la cena de Jesús con sus apóstoles, el mandato del amor fraterno y el comienzo inmediato de su pasión. La Iglesia católica lo recuerda como el día en que Cristo instituyó la Eucaristía “en la noche en que fue entregado”, durante la Última Cena.
La conmemoración litúrgica también incluye el lavatorio de los pies, gesto con el que, de acuerdo con la enseñanza católica y la lectura del Evangelio de Juan, Jesús dejó una señal de servicio y humildad frente a sus discípulos. El Vaticano resume esta memoria del Jueves Santo como la evocación del lavatorio, del mandamiento nuevo del amor y de la institución de la Eucaristía.
Pero la jornada no se agota en la cena. Según la tradición cristiana, después de compartir el pan y el vino con sus apóstoles, Jesús salió a orar y entró en las horas más oscuras de su vida pública: la agonía en el huerto, la traición de Judas y su aprehensión. Es decir, el Jueves Santo no sólo recuerda una cena sagrada, sino el tránsito de Jesús hacia el proceso que desembocaría en la crucifixión del Viernes Santo.
En términos pastorales, la fecha también es considerada por la Iglesia como día de la institución del sacerdocio ministerial. Por eso, en muchas catedrales se celebra por la mañana la Misa Crismal, en la que se bendicen los óleos sagrados y los sacerdotes renuevan sus promesas.
En México, esa memoria adquiere una dimensión pública y multitudinaria en Iztapalapa. La representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo celebrará este año su edición 183, la primera después de que la UNESCO inscribiera esta tradición en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en diciembre de 2025.
Autoridades capitalinas y de la alcaldía han informado que para esta edición se espera una asistencia de más de dos millones de personas a las distintas actividades de Semana Santa en la demarcación. El programa oficial de 2026 identifica al Jueves Santo como una de las jornadas clave del recorrido, y el material de difusión de Iztapalapa alude a las escenas que simbolizan el Huerto de los Olivos, donde Jesús fue aprehendido tras la oración.
La representación iztapalapense no es sólo una escenificación religiosa. También es un acto de identidad barrial, organización comunitaria y memoria popular que, año con año, convierte la Pasión de Cristo en un hecho visible para la ciudad. En esa puesta en escena, el Jueves Santo conserva su núcleo original: la despedida de Jesús con sus discípulos y el inicio del camino hacia la cruz.
















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