Advertisement

Iztapalapa revive la Pasión de Cristo ante más de 2 millones; fe, tradición y saldo blanco en su edición 183

Con más de 14 mil elementos de seguridad y cientos de actores, la representación —ya Patrimonio Inmaterial de la Humanidad— reafirma su lugar como la más importante de la capital y una de las mayores del mundo.

El polvo se levanta en el Cerro de la Estrella mientras el murmullo de la multitud se transforma en silencio. Más de dos millones de personas contienen la respiración. En Iztapalapa, la historia vuelve a ocurrir.

La edición 183 de la Pasión de Cristo recorrió los ocho barrios originarios hasta su punto culminante: la crucifixión. Es la representación más importante de la Ciudad de México y una de las más grandes del mundo, capaz de reunir cada año a millones de fieles en un mismo acto de fe y comunidad.

Al frente, Arnulfo Eduardo Morales Galicia, originario del barrio de San Lucas, cargó una cruz de casi 90 kilos durante más de dos kilómetros, encarnando a Jesucristo en el momento central del Viernes Santo.

La escena sigue el relato bíblico: Jesús es apresado, llevado ante Poncio Pilato, condenado a morir en la cruz. En su camino al Gólgota cae varias veces, auxiliado por Simón de Cirene, mientras una mujer —Verónica— limpia su rostro. Ya en el monte, es crucificado junto a dos ladrones y pronuncia frases que atraviesan siglos: “Padre, perdónalos”, antes de entregar el espíritu.

Detrás del dramatismo, hay organización milimétrica. Más de 14 mil 500 elementos participaron en el operativo de seguridad, incluidos más de nueve mil policías, lo que permitió que la jornada concluyera con saldo blanco.

En escena, la comunidad sostiene la tradición: más de 130 actores principales, cientos de extras y más de 500 vecinos dieron vida a cada pasaje, reflejo de una práctica que se ha transmitido por generaciones.

Este 2026 marca un hito. Es la primera representación tras su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, un distintivo que respalda casi dos siglos de historia, originada tras la epidemia de cólera de 1833 como promesa colectiva del pueblo.

Así, entre fe, tradición y multitud, Iztapalapa no solo escenifica la muerte de Cristo: reafirma su identidad. Una ciudad entera se detiene para mirar hacia el cerro, donde cada año, la historia vuelve a empezar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

RSS
Follow by Email
Facebook
X (Twitter)
YouTube
Instagram
Telegram
WhatsApp
FbMessenger
Tiktok
¡La URL se ha copiado correctamente!