El Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro anunció este viernes una escalada de acciones de protesta ante lo que califican como una insuficiente atención a la infraestructura, la seguridad y las condiciones laborales del servicio que cada día moviliza a millones de personas en la capital.
En un comunicado difundido por el gremio, más de 13 mil trabajadores advirtieron que a partir del 3 de marzo llevarán a cabo un paro de “brazos caídos”, una modalidad en la que permanecen en sus centros de trabajo sin realizar las tareas habituales, con lo cual buscan presionar al gobierno de la Ciudad de México para responder a sus demandas urgentes.
Dirigentes sindicales han insistido en que la protesta es resultado de la falta de recursos destinados al mantenimiento integral de trenes, vías, instalaciones fijas y equipos de seguridad, áreas que, según ellos, han registrado un “rezago preocupante” que compromete tanto la operación como la seguridad de usuarios y trabajadores.
Las acciones forman parte de una serie de movilizaciones iniciadas semanas atrás: el pasado 4 de febrero, grupos de trabajadores marcharon desde la estación Balderas hasta el Zócalo capitalino para exigir respuestas de las autoridades locales luego de no alcanzar acuerdos en mesas de negociación, lo que incluso abrió la posibilidad de paros escalonados en varias líneas del Metro.
El sindicato ha señalado que las medidas de protesta —incluido el paro de brazos caídos— podrían afectar la operación cotidiana del servicio en líneas como la 1, 2, 3, 9 y B, dependiendo del alcance de la movilización y del grado de participación de las áreas técnicas y operativas.
Autoridades de la Ciudad de México han señalado en ocasiones anteriores que los ajustes presupuestales y la asignación de recursos ya están en marcha para atender aspectos del mantenimiento, aunque el sindicato afirma que no han sido suficientes ni oportunos.
La posible afectación al Metro se da en un contexto en el que el sistema ha enfrentado históricamente retos de mantenimiento —incluidos incidentes graves como colisiones o fallas estructurales— y donde las demandas por mayor inversión y condiciones laborales dignas han sido recurrentes.















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