La muerte de cuatro personas en la capital de Sonora encendió las alertas sanitarias sobre el uso de terapias intravenosas con fines no médicos, luego de que el infectólogo Alejandro Macías Hernández calificó como “fatal” la banalización de estos procedimientos.
El especialista señaló que la administración de sueros por vía intravenosa no es un tratamiento menor, sino un acto médico invasivo que debe aplicarse únicamente bajo indicación estricta y en condiciones controladas. Advirtió que su uso con fines como mejorar el rendimiento físico, combatir la resaca o “desintoxicar” el organismo carece de sustento clínico y puede derivar en consecuencias graves.
De acuerdo con autoridades de Hermosillo, las víctimas —dos hombres y dos mujeres— habrían recibido este tipo de terapias en un consultorio privado. Horas después, presentaron complicaciones severas que derivaron en su fallecimiento, por lo que la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora abrió una investigación para determinar posibles responsabilidades.
Como parte de las indagatorias, se realizó un cateo en el establecimiento donde se aplicaban los sueros, asegurando medicamentos, insumos médicos y expedientes clínicos. Las autoridades buscan determinar si existieron irregularidades en la preparación de las sustancias o fallas en los protocolos sanitarios.
Macías insistió en que toda terapia intravenosa conlleva riesgos, entre ellos infecciones, reacciones adversas o daños orgánicos, por lo que su uso sin justificación médica representa un peligro innecesario. El caso ha reavivado el debate sobre la regulación de estos servicios, cuya popularidad ha crecido en clínicas privadas y centros de bienestar sin supervisión suficiente.















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