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Pantallas alteran el cerebro infantil y elevan riesgo de adicción y autolesiones: SEP y especialistas

El uso excesivo de redes sociales, videojuegos y dispositivos electrónicos está modificando el desarrollo cerebral de niñas, niños y adolescentes, reduciendo su capacidad de atención, afectando el control de impulsos e incluso favoreciendo conductas de riesgo como las autolesiones, advirtieron especialistas en salud mental y neurodesarrollo durante un foro organizado por la Secretaría de Educación Pública (SEP).

El secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, sostuvo que el impacto de las plataformas digitales debe analizarse más allá de las aulas, ya que el mayor tiempo de exposición ocurre en los hogares, cuando los menores utilizan teléfonos inteligentes y redes sociales.

“Más allá de las escuelas, ahí no termina la responsabilidad. Lo que quiere la Presidenta es que hagamos conciencia del impacto que tiene en su desarrollo y en su crecimiento, porque son menores de edad que están desarrollándose físicamente y se está desarrollando su cerebro”, afirmó.

El funcionario explicó que la preocupación del Gobierno federal se sustenta en evidencia científica que muestra que la interacción constante con dispositivos digitales ocurre justo durante una de las etapas más sensibles del desarrollo cerebral.

“No estamos hablando únicamente de hábitos que cambian, sino de hábitos que se forman mientras se está formando el cerebro, y esto será determinante para toda su vida”, advirtió.

Además, alertó sobre el funcionamiento de las plataformas digitales.

“Los algoritmos obedecen al mercado, están diseñados a intereses que subastan en tiempo real nuestra atención; por eso prosperan las polémicas infladas, se premia el debate que divide y crece la intolerancia”, señaló.

Dopamina, el mecanismo detrás del uso compulsivo

La maestra en Orientación Psicológica y especialista en prevención de adicciones, Tania Jiménez García, explicó que el uso problemático de la tecnología activa mecanismos cerebrales similares a los observados en las adicciones a sustancias.

“Cuando hablamos de un uso problemático de tecnología hay un proceso en el cerebro relacionado con la dopamina… el cerebro recuerda eso que nos hizo sentir bien y nos va a pedir repetirlo.”

Indicó que redes sociales, videojuegos y plataformas digitales generan una liberación de dopamina mucho mayor que actividades cotidianas, provocando una sensación inmediata de recompensa.

Sin embargo, cuando esa estimulación se vuelve constante, el cerebro comienza a defenderse.

“Ante esta sobreestimulación de dopamina el cerebro se protege, se modifica. Deja de producir dopamina y esconde estos receptores como una manera de defensa.”

Como consecuencia, explicó, actividades que antes resultaban satisfactorias dejan de producir bienestar.

“Ya no solamente se trata de que un niño sea apático, sino que su cerebro puede funcionar de manera distinta.”

La especialista añadió que también se afecta la corteza prefrontal, responsable de la atención, el autocontrol, la regulación emocional y la toma de decisiones, una región que continúa desarrollándose durante la infancia y adolescencia.

Alertan por conductas de riesgo al retirar dispositivos

Jiménez García explicó que el uso problemático comparte características con otras adicciones, entre ellas la pérdida de control sobre el tiempo de uso, el deseo intenso por volver a conectarse, la tolerancia y los síntomas de abstinencia.

“Decimos que vamos a estar cinco minutos en el celular y ya llevamos dos horas.”

Advirtió que, en algunos adolescentes, retirar el acceso a los dispositivos puede generar reacciones graves.

“Han habido casos que presentan conductas de riesgo, como por ejemplo autolesión al quitar estos dispositivos.”

No obstante, aclaró que únicamente un profesional de la salud mental puede diagnosticar una adicción.

“Solamente un especialista puede diagnosticarte eso y no por tener un síntoma ya vas a tener ese diagnóstico.”

Adolescencia: un cerebro con el acelerador a fondo

Por su parte, la doctora Lucía Magis Weinberg, investigadora de la Universidad de Washington, explicó que la adolescencia —entre los 10 y los 25 años— es una etapa de profunda reorganización cerebral.

“La adolescencia es una etapa clave del desarrollo entre los 10 y los 25 años, en la cual hay una profunda remodelación del cerebro.”

Comparó el funcionamiento del cerebro adolescente con un automóvil.

“Me gusta pensar en el cerebro adolescente como si fuera un auto: tenemos un acelerador muy potente y un freno todavía en desarrollo.”

Precisó que el sistema límbico, encargado de las emociones y la búsqueda de recompensas, madura alrededor de los 15 años, mientras que la corteza prefrontal, responsable del juicio y el control de impulsos, concluye su desarrollo entre los 20 y 25 años.

“Estas zonas del cerebro encargadas de la toma de decisiones y de pensar en las consecuencias de nuestros actos maduran hasta los 20 o 25 años.”

Más pantallas, menos atención

La investigadora señaló que diversos estudios muestran cambios estructurales asociados al uso prolongado de dispositivos digitales.

“Con mayor tiempo frente a una pantalla en la adolescencia hay adelgazamiento en distintas zonas del cerebro.”

También alertó sobre el deterioro de la capacidad de concentración.

“Hace 20 años podíamos pasar dos minutos y medio haciendo una tarea frente a una pantalla; ahora pasamos alrededor de 47 segundos antes de distraernos.”

Añadió que las pantallas afectan otros pilares esenciales del desarrollo.

“La luz azul y las notificaciones retrasan y fragmentan el sueño.”

“Las pantallas pueden desplazar actividades clave como la convivencia en persona, el aprendizaje y el desarrollo de la propia identidad.”

SEP abre debate sobre regulación

Mario Delgado recordó que el Gobierno federal busca abrir una discusión nacional sobre el acceso de menores de edad a las redes sociales y destacó que distintos países ya comenzaron a establecer restricciones.

“La semana pasada se reguló en Francia el acceso a las redes para menores de 15 años. Cada país tendrá su propia definición. Lo más importante es que este reto lo estamos asumiendo entre todas y todos.”

Los especialistas coincidieron en que la solución pasa por el acompañamiento familiar, límites claros al uso de dispositivos, actividades fuera de las pantallas y políticas públicas que promuevan hábitos digitales saludables para proteger el desarrollo cerebral de niñas, niños y adolescentes.

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