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La “Línea Amarilla” amenaza con dividir Gaza: el plan de Trump se estanca y crece el riesgo de partición permanente

Desde el 10 de octubre, el ejército israelí controla más de la mitad del territorio gazatí, incluidas zonas agrícolas clave, Rafah y parte de la ciudad de Gaza.

Una partición de facto de la Franja de Gaza entre una zona controlada por Israel y otra gobernada por Hamás parece cada vez más inevitable, según múltiples fuentes diplomáticas, ante el estancamiento del plan impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump para poner fin a la guerra más allá del alto el fuego actual.

El proyecto, que contemplaba la creación de una autoridad de transición y el despliegue de una fuerza multinacional, enfrenta la negativa de Hamás a desarmarse y la firme oposición de Israel a permitir el regreso de la Autoridad Palestina. La llamada Línea Amarilla —una franja delimitada por bloques de cemento a lo largo del territorio— podría convertirse en la nueva frontera permanente.

Un plan paralizado y una reconstrucción desigual

Funcionarios europeos consultados por Reuters reconocen que el plan de Trump “se encuentra prácticamente estancado”. Advierten que la reconstrucción podría limitarse a las áreas bajo control israelí, lo que prolongaría la separación durante años.

Desde el 10 de octubre, el ejército israelí controla más de la mitad del territorio gazatí, incluidas zonas agrícolas clave, Rafah y parte de la ciudad de Gaza. En el resto, Hamás mantiene el control de ciudades devastadas y campamentos donde sobreviven unos dos millones de personas.

Sin plazos claros ni mecanismos de ejecución, la segunda fase del plan —que incluye el retiro israelí, el desarme de Hamás y la entrada de fuerzas internacionales— sigue sin avanzar.

Israel mantiene el control y rechaza gobernar Gaza

El primer ministro Benjamin Netanyahu ha reiterado que Israel no pretende ocupar ni administrar Gaza, aunque insiste en mantener una zona de amortiguamiento “para impedir nuevos ataques”.
Periodistas que visitaron posiciones israelíes en Shejaia observaron infraestructura militar permanente y obras viales dentro del territorio gazatí.

“El ejército no se quedará si Hamás cumple su parte”, afirmó el portavoz militar Nadav Shoshani. Sin embargo, Hamás ha comenzado a retomar terreno en zonas palestinas, reorganizando su policía y limpiando calles entre ruinas, según videos verificados por Reuters.

Europa y los árabes, reacios a implicarse

Una resolución estadounidense en la ONU busca autorizar por dos años la fuerza multinacional y el gobierno transitorio, pero pocos países están dispuestos a desplegar tropas.
“Debemos llenar el vacío de seguridad antes de que Hamás resurja”, advirtió el ministro alemán Johann Wadephul, mientras que la británica Yvette Cooper subrayó: “Gaza no debe quedar atrapada entre la paz y la guerra”.

Pese a los llamados, ni Europa ni los países árabes planean intervenir sin garantías sobre el papel de la Autoridad Palestina y una vía hacia un Estado palestino, que Israel sigue rechazando.

Una Gaza dividida y sin horizonte político

El portavoz de Hamás, Hazem Qassem, dijo que el grupo aceptaría una administración “tecnocrática palestina” para iniciar la reconstrucción, pero el desacuerdo sobre el desarme y el control político bloquea cualquier avance.

En medio del desconcierto, la población se pregunta por su futuro. “¿Nos dejarán entrar a la zona israelí? ¿Separarán a las familias?”, lamenta Salah Abu Amr, residente de la ciudad de Gaza.

Con costos estimados de reconstrucción que superan los 70 mil millones de dólares y sin consenso internacional, la Línea Amarilla podría transformarse en una frontera duradera —un recordatorio visible de una paz que sigue sin llegar.

Con información de ©EnlaceJudío para Lee Aquí.

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