La violencia sexual digital contra niñas, niños y adolescentes se ha convertido en una de las amenazas más graves para la infancia mexicana. Un estudio de UNICEF, ECPAT International e INTERPOL reveló que el 13% de las infancias en México ha sido víctima de abuso o explotación sexual facilitada por la tecnología, lo que equivale a aproximadamente un millón 600 mil menores de edad.
La investigación “Disrupting Harm México”, realizada entre 2023 y 2025, documenta que las agresiones ocurren principalmente a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería, donde Facebook y WhatsApp figuran entre los espacios digitales más utilizados para el contacto entre agresores y víctimas.
El informe advierte que los responsables no son únicamente desconocidos. Las víctimas reportaron haber sido agredidas por amigos, personas conocidas e incluso familiares, quienes aprovecharon la confianza o cercanía para solicitar imágenes íntimas, ejercer presión sexual, extorsionar o difundir contenido sin consentimiento.
Los especialistas alertan que la tecnología ha ampliado las posibilidades de contacto y manipulación de menores. Entre las modalidades más frecuentes destacan el grooming —cuando un adulto establece una relación de confianza con fines sexuales—, la sextorsión, la distribución de material íntimo y otras formas de explotación sexual en línea.
UNICEF señaló que el problema permanece subregistrado debido al miedo, la vergüenza y el desconocimiento sobre los mecanismos de denuncia, por lo que las cifras reales podrían ser mayores. La organización subrayó que el abuso sexual digital genera consecuencias psicológicas y emocionales que pueden prolongarse durante años.
La situación ocurre en un contexto de creciente exposición digital. De acuerdo con organismos internacionales, los agresores utilizan redes sociales, videojuegos, plataformas de mensajería y servicios de comunicación encriptada para acercarse a menores de edad y cometer delitos sexuales.
Frente a este panorama, UNICEF, INTERPOL y ECPAT recomendaron fortalecer la educación digital, impulsar campañas de prevención, mejorar la coordinación entre autoridades y plataformas tecnológicas, así como robustecer los sistemas de denuncia y atención a víctimas.
El informe concluye que la violencia sexual digital dejó de ser un riesgo aislado para convertirse en un problema estructural que afecta a millones de menores mexicanos y exige una respuesta urgente de autoridades, empresas tecnológicas, escuelas y familias.















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