Medical Impact alerta por crisis sanitaria tras terremotos en Venezuela: “La emergencia no termina cuando deja de temblar”

Terremotos agravan brechas de salud y golpean a familias vulnerables del país

Los terremotos que golpearon Venezuela dejaron una emergencia que va mucho más allá de los daños materiales. Infecciones respiratorias y gastrointestinales, enfermedades crónicas descontroladas, afectaciones a la salud mental, embarazos sin atención prenatal y dificultades para conseguir medicamentos forman parte de los riesgos sanitarios identificados por Medical Impact durante tres fases de intervención humanitaria en Caracas y La Guaira.

En entrevista para Lee Aquí, Giorgio Franyuti Kelly, CEO y director ejecutivo de Medical Impact, explicó que la atención desplegada después de los sismos permitió dimensionar una problemática que evoluciona conforme las familias permanecen durante más tiempo en refugios y campamentos.

“Lo que encontramos fue una población que, además de haber perdido su vivienda y su dinámica cotidiana, enfrentaba dificultades importantes para acceder de manera continua a medicamentos y servicios de salud”, explicó Franyuti.

La valoración sintetiza los hallazgos documentados durante la segunda fase de la intervención: disponibilidad limitada de medicamentos, falta de continuidad de tratamientos y deficiencias en educación sobre higiene y saneamiento dentro de refugios temporales.

Más de 2 mil 600 atenciones tras los terremotos

La dimensión de la respuesta puede medirse en las cifras. Medical Impact reportó 855 atenciones durante la primera fase, 963 en la segunda y 784 en la tercera, equivalentes a 2 mil 602 servicios de salud.

Los informes contabilizan además 641, 651 y 584 personas beneficiadas directamente en cada etapa. Sin embargo, esas cifras no deben sumarse como si correspondieran necesariamente a personas distintas, pues los documentos no especifican si algunos pacientes recibieron atención durante más de una fase.

La primera intervención se desarrolló entre el 4 y el 14 de julio de 2026 y alcanzó seis comunidades de Caracas y La Guaira. Los equipos proporcionaron medicina general, curación y manejo de heridas, seguimiento de enfermedades crónicas, salud e higiene menstrual, toma de signos vitales, glucometrías y pruebas de hemoglobina.

En esa etapa fueron realizadas 638 consultas de medicina general, 70 glucometrías y 27 procedimientos menores y curaciones, además de distribuirse 116 copas menstruales acompañadas de educación para su utilización e higiene menstrual.

“La emergencia no termina cuando deja de temblar”

Conforme avanzaron las semanas, explicó Franyuti, las necesidades comenzaron a cambiar.

“La emergencia no termina cuando deja de temblar. Después aparecen enfermedades respiratorias y gastrointestinales, se descontrolan padecimientos crónicos y comienzan a hacerse mucho más visibles las afectaciones emocionales y de salud mental”, señaló el CEO de Medical Impact.

Los hallazgos médicos respaldan esa preocupación. Las brigadas identificaron infecciones respiratorias de origen viral, infecciones gastrointestinales relacionadas con intoxicación alimentaria, dolores musculares y lumbalgias, duelo, enfermedades crónicas descontroladas, afectaciones de salud mental y bienestar psicosocial, exacerbaciones de asma y migraña, además de embarazos sin atención prenatal.

La segunda fase, efectuada entre el 27 de julio y el 4 de agosto, amplió por ello la respuesta hacia psicología, fisioterapia y prevención secundaria de enfermedades crónicas. También incluyó talleres de primeros auxilios y cultura sísmica, así como coordinación con el Ministerio de Salud de Venezuela y organizaciones locales e internacionales para establecer mecanismos de referencia y seguimiento de pacientes.

Salud mental, otro impacto del desastre

Franyuti destacó que atender las consecuencias de un terremoto exige mirar más allá de las lesiones visibles.

“Hay familias tratando de reconstruir su vida en condiciones de incertidumbre. Nuestra responsabilidad no podía limitarse a atender una herida; había que mirar también la salud mental, las enfermedades crónicas y las condiciones en las que permanecían viviendo”, sostuvo.

Durante la segunda fase se registraron 963 atenciones para 651 beneficiarios directos, incluidas 548 consultas de medicina general, 84 atenciones psicológicas y 23 de fisioterapia. También fueron entregados 525 medicamentos, se realizaron 121 auxiliares diagnósticos y 19 pacientes fueron referidos a otros niveles de atención.

El informe concluyó que la intervención permitió detectar no solamente necesidades médicas, sino situaciones de “desgaste psicológico y familiar”, ante las dificultades de la población para acceder regularmente a servicios médicos y medicamentos.

La ayuda disminuye mientras persisten las necesidades

La tercera fase, realizada del 5 al 9 de agosto, llevó la intervención al refugio temporal Gran Colombia y a diferentes puntos de La Guaira, entre ellos Hospital San José, Playa Verde, Mare Abajo, Catia la Mar y Playa El Yate, en Caraballeda.

Para entonces apareció una nueva señal de alarma.

El reporte advierte que el tiempo prolongado viviendo en campamentos, combinado con las lluvias y las altas temperaturas, estaba generando problemas de salud física y emocional. Paralelamente, la ayuda proporcionada por la sociedad civil durante la fase aguda de la emergencia comenzaba a disminuir, dejando a las familias en la necesidad de desarrollar sus propios mecanismos para conseguir alimentación y servicios básicos.

En esta etapa se efectuaron 784 atenciones para 584 beneficiarios directos, con 572 consultas de medicina general, 22 atenciones psicológicas, 355 medicamentos entregados, 127 auxiliares diagnósticos y 31 procedimientos médicos.

El reporte resume el desafío en una frase: las familias enfrentan el reto de “reconstruir su vida en condiciones de incertidumbre”.

Franyuti pide una respuesta sanitaria sostenida

Para el CEO de Medical Impact, uno de los principales riesgos aparece precisamente cuando disminuye la percepción de emergencia y la atención comienza a retirarse.

“Venezuela necesita una respuesta sanitaria sostenida. Si se retira la atención después de la fase aguda, dejamos a una población desplazada expuesta a nuevas enfermedades, tratamientos interrumpidos y un deterioro de su salud física y emocional”, advirtió Franyuti.

Desde la primera fase, Medical Impact había planteado la necesidad de implementar un plan de seguimiento que reduzca riesgos sanitarios y acompañe la recuperación de la población.

La estrategia propuesta contempla fortalecer las medidas de higiene y saneamiento, impulsar una cultura de prevención frente a eventos sísmicos, dar seguimiento a pacientes con enfermedades crónicas, prevenir complicaciones, proporcionar rehabilitación para lesiones musculoesqueléticas e incorporar atención de salud mental con profesionales capacitados para intervenir en crisis posteriores a desastres.

Después de tres fases de trabajo, el diagnóstico apunta así hacia una emergencia menos visible que los edificios destruidos: familias que sobrevivieron a los terremotos, pero continúan enfrentando enfermedades, precariedad, afectaciones emocionales y dificultades para recibir atención médica mientras intentan recuperar su vida cotidiana.

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