EL INFORME DE SHEINBAUM: ENTRE LA REALIDAD Y EL ESPEJO
“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”: Groucho Marx
Por Héctor González Escobar
Es pregunta.
¿Rindió Claudia Sheinbaum solamente su Segundo Informe de Gobierno?
Y la respuesta es no. Rindió, también, un informe de continuidad política.
Y no es un asunto menor.
Veamos.
Un estudio de verificación independiente (verificado.com.mx) asegura que de 21 afirmaciones centrales del discurso de la mandataria, encontró 9 verdaderas, 6 falsas, 3 imprecisas, 2 engañosas y una inverificable.
El problema del Informe no es que todas sus cifras sean falsas. El problema es que las cifras verdaderas fueron utilizadas para construir una fotografía incompleta de México.
Porque a dos años de haber llegado a Palacio Nacional, la Presidenta no solamente tenía que decir qué hizo su gobierno, tenía que decir qué país pretende construir.
Y según ella, y sus datos, ofreció los más destacados rubros de su administración: Prosperidad compartida; austeridad republicana; programas sociales; salario mínimo; rectoría del Estado; soberanía; continuidad de la Cuarta Transformación.
Y enmarcó en una frase política el resumen de su proyecto: “esto no se acaba; esto tiene que continuar”.
Hasta ahí, el mensaje fue lo que ella preveía.
El problema comienza cuando uno deja de escuchar el discurso y empieza a mirar por la ventana. Porque México tiene dos fotografías; una es la que presentó Palacio Nacional, y la otra es la que vive el ciudadano.
Y entre ambas hay una distancia que puede ser políticamente peligrosa.
Sheinbaum puede presumir, en sus estadísticas, que los homicidios bajaron, pero mientras eso ocurre, la extorsión alcanzó su nivel más alto para un primer semestre en 11 años.
Entonces la pregunta no es solamente cuántos mexicanos dejaron de ser asesinados.
La pregunta es: ¿cuántos mexicanos dejaron de vivir con miedo?
Porque un comerciante al que le cobran derecho de piso, un transportista amenazado, un productor al que le controlan el precio, una familia que no puede transitar libremente por su comunidad, también son víctimas de la inseguridad.
Y eso no cabe en una gráfica de homicidios.
Tampoco basta presumir una tasa de desempleo de 2.7 por ciento cuando alrededor de 55 por ciento de los trabajadores mexicanos permanece en la informalidad.
Porque existe una dicotomía: trabajar no siempre significa tener empleo, y tener empleo no siempre significa tener seguridad social.
Y la experiencia entre los mexicanos nos muestra que tener seguridad social, no necesariamente significa vivir bien.
Los números pueden decir una cosa; y la calle puede decir otra.
Lo mismo sucede con la economía.
Sí: México captó una cifra récord de inversión extranjera; el peso se mantiene fuerte; y el PIB volvió a crecer.
Pero una parte fundamental de esa inversión, y aquí nos deberían decir la verdad, corresponde a empresas que ya estaban aquí y reinvirtieron sus utilidades.
Entonces la pregunta incómoda es: ¿dónde están las nuevas inversiones?; ¿las nuevas fábricas?
¿Dónde están los nuevos empleos de alta productividad?; ¿dónde está el salto económico que permita que México deje de crecer al ritmo mediocre que ha caracterizado buena parte de estos años?
En salud ocurre algo parecido. El Gobierno asegura que el abasto de medicamentos supera 97 por ciento, pero hay mexicanos que siguen peregrinando de farmacia en farmacia, de hospital en hospital, buscando una medicina.
La diferencia está entre la estadística y el paciente; entre el indicador nacional y la receta que no se surtió; entre el promedio y el enfermo.
Y hay algo más. El Informe habló mucho de honestidad. Pero no habló de los escándalos que han golpeado al movimiento cuatroteísta.
Habló de Pemex, de producción, de refinación y de reducción de deuda. Pero el país sigue esperando respuestas contundentes sobre las redes de corrupción vinculadas al huachicol fiscal, en el que estan vinculados prominentes personajes del mismo gobierno. La prensa independiente ofrece día a día pruebas que vinculan a personajes como Adán Augusto López y Andy López Beltrán, hijo de Andrés Manuel López Obrador, entre una lista de peces gordos.
Y luego está la política.
Ahí el informe de la inquilina de Palacio fue directo.
Sheinbaum no vino a anunciar una ruptura con López Obrador. Anuncio exactamente lo contrario. La Cuarta Transformación continúa.
Y quizá ése sea el verdadero objetivo político del mensaje.
Llegar a 2027 no defendiendo solamente una administración, sino defendiendo una obra política fracasada desde el 2018 cuando las huestes de López Obrador llegaron al poder.
Por eso en su mensaje político, Sheinbaum arenga a Morena para que voten por la continuidad del proyecto. Por eso el Segundo Informe no debe leerse únicamente como un balance administrativo. Debe leerse como el primer gran discurso electoral de la segunda mitad del sexenio.
¿Y LA OPOSICIÓN?
Y mientras la oposición fijaba sus puntos de vista acerca del Informe en el Congreso, Claudia Sheinbaum conserva una aprobación cercana al 69 por ciento.
Ahí está el dato que debería preocupar más a sus adversarios. Porque pueden tener razón en muchas de sus críticas. Pero todavía no tienen una respuesta convincente para la pregunta fundamental:
¿Qué harían ellos diferente? Hay un gran vacío de la oposición. No hay acuerdos para generar un frente común partidista.
La reaparición pública y política de Vicente Fox, que a sus 84 años intenta reunir a los dirigentes de PAN, PRI y Somos México en un movimiento llamado “Alma de México” y competir en las elecciones del 2027 para “frenar el modelo político actual centralista y autoritario”, pinta como un listado de buenas intenciones- como lo fue su gobierno-pero deben saber que electoralmente existe una diferencia gigantesca entre presentar un expediente contra los que mal gobiernan, y ofrecerle al ciudadano una razón para votar por ellos.
GOBERNAR NO CONSISTE SOLAMENTE EN PRESENTAR BUENAS CIFRAS
Y seguramente Sheinbaum se cuelga la medallita de mantener a raya a la oposición, y lo viva como un gran triunfo político.
Pero entonces aquí saltan las verdaderas preguntas para Claudia Sheinbaum: ¿podrá convertir la reducción de homicidios en seguridad real? ¿La inversión extranjera en nuevas inversiones? ¿El empleo en empleos formales y mejor pagados? ¿Los programas sociales en movilidad social? ¿La estabilidad macroeconómica en crecimiento? ¿El discurso de honestidad en resultados contra la corrupción?
¿El abasto nacional de medicamentos en medicinas para cada paciente? ¿La soberanía en una relación inteligente y productiva con Estados Unidos? ¿Y los buenos números en una mejor calidad de vida?
Porque gobernar no consiste solamente en presentar buenas cifras.
Gobernar consiste en conseguir que esas cifras se conviertan en una realidad que el ciudadano pueda tocar.
Y ahí, todavía, hay mucho por hacer.
¿Informe aprobado? Para Morena, sin duda.
¿Gobierno resuelto? Ni de lejos para los mexicanos de a pie.
Porque entre el México que se presume desde el espejo de Palacio Nacional; y el México que se vive en la calle hay un enorme precipicio.














Deja una respuesta