EL DINOSAURIO CAMBIÓ DE PIEL
Por Héctor González Escobar
Ya parece un lugar común utilizar el microrrelato de Augusto Monterroso —“y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”— para describir aquellas realidades políticas que, pese a los discursos de transformación, se resisten a desaparecer.
Viene a cuento por las declaraciones de Citlalli Hernández, quien, a edredón y espada, defiende que el proceso de encuestas utilizado por Morena para seleccionar a quienes encabezarán sus proyectos rumbo a las 17 gubernaturas de 2027 fue democrático.
Más aún: la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena se dio el lujo de calificarlo como el proceso “más transparente” realizado por su movimiento.
El problema es que, cuando se proclama la transparencia, pero las herramientas que supuestamente sustentan la decisión permanecen bajo reserva, la palabra comienza a perder contenido.
Y ahí está el dinosaurio.
El de Monterroso funciona como metáfora de un problema grave, de un trauma, de un régimen político obsoleto o de una realidad pesada de la que uno quisiera librarse, pero que sigue ahí cuando abre los ojos.
En México, el dinosaurio también puede representar a ese personaje indiferente y calculador que todos conocemos: el que sobrevive a los cambios de partido, de gobierno y de discurso; el que se mueve entre el tráfico de influencias, los acuerdos de cúpula y las complicidades; el que forma parte de esa cultura política antigua y primitiva de la que creíamos habernos librado.
Pero no. Sigue allí. Sólo cambió de piel.
Veamos.
A ocho años de la aparición de la era López Obrador —Carreño, dixit— abundan los inventarios catastróficos discutidos en los espacios subsistentes de libertad.
Y pululan las hojas de balance susurradas entre grupos de interés privados, con ganancias multiplicadas en la coyuntura, a cambio de silentes complicidades en la destrucción o debilitamiento de instituciones y contrapesos.
La promesa fue transformar el régimen. La pregunta es si lo que terminó transformándose, fue solamente la manera de ejercerlo con sus desastrosas consecuencias.
DEL DEDAZO A LA ENCUESTA
Durante décadas, – y el escribidor de estas líneas lo vivió en carne propia en su experiencia
profesional y política – el viejo sistema político mexicano tuvo una palabra para definir quién sería el candidato: dedazo.
No hacía falta demasiada explicación. El poder decidía y después aparecía el procedimiento para revestir de legitimidad la decisión. Durante décadas la narrativa fue la misma; “los sectores y las organizaciones que conforman el partido, han decidido postular a fulanito de tal para que convierta en el abanderado priista a la primera magistratura del país”.
Hoy las palabras son diferentes.Ya no se habla de designación. Se habla de encuesta.
Ya no hay candidatos. Hay el eufemismo llamado “coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”.
Ya no hay, al menos formalmente, precampañas. Hoy se disfrazan de recorridos, reuniones, posicionamientos y organización territorial.
La nomenclatura cambió. La pregunta es si cambió también la lógica.
Morena ha definido ya 10 de las 17 coordinaciones que encabezan su proceso rumbo a las gubernaturas de 2027. En los hechos, esos nombramientos constituyen la antesala de las candidaturas, aunque jurídicamente todavía no tengan ese carácter, y sean cuestionados por partidos políticos y la opinión pública, por tratarse de actos anticipados de campaña.
Aguascalientes, Nora Ruvalvaba; Baja California, Julieta Ramírez Padilla; Campeche, Pablo Gutiérrez; Colima, Rosi Bayardo; Guerrero, Beatríz Mojica; Michoacán, Carlos Torres Piña; Querétaro, Santiago Nieto; Quintana Roo, Eugenio Segura Vázquez; Sinaloa, Himelda Castro; y Zacatecas, Verónica Díaz Robledo.
Y aquí aparece el punto neurálgico
¿Quién ganó las encuestas? No quién fue anunciado, ni quién recibió el aplauso, o quién apareció en la fotografía.
Porque una encuesta democrática necesita algo más que una palabra. Necesita metodología, muestra, cuestionario, procedimiento y resultados.
Pero, sobre todo, condiciones para que los participantes puedan conocer y eventualmente controvertir el resultado.
Sin esos elementos, el ciudadano sólo recibe la conclusión. Y la conclusión, por sí misma, no demuestra el procedimiento.
Y en algunos casos de los 10 ya seleccionados, saltan a la vista algunos ejemplos de inconformidades y divisón dentro de Morena.
ZACATECAS: LA PREGUNTA INCÓMODA
Zacatecas convirtió esa discusión en una crisis política interna.
La designación de Verónica Díaz como coordinadora generó reclamos de dirigentes y aspirantes de Morena, así como una ruptura visible con el PT. Una de las principales críticas fue precisamente la falta de información pública sobre los resultados de las encuestas que supuestamente sustentaron la decisión.
La dirigencia morenista sostiene que las decisiones se tomaron mediante encuestas. Pero los resultados de esas mediciones no han sido transparentados públicamente.
Y eso abrió una grieta difícil de cerrar. Porque cuando los números no se ven, aparecen las interpretaciones. Cuando la metodología no se conoce, aparecen las sospechas.
Y cuando el resultado contradice otras mediciones públicas, aparece inevitablemente la pregunta: ¿qué encuesta estamos discutiendo?
Una cosa es decir que las mediciones externas no determinan una candidatura. Eso puede ser cierto. Otra muy distinta es pretender que la sociedad acepte un resultado interno que no puede conocer ni revisar.
En Zacatecas, además, las diferencias no quedaron circunscritas a Morena. El PT manifestó su desacuerdo y se apartó del acto de presentación de la coordinadora, convirtiendo una decisión interna en un problema para la coalición que pretende competir en 2027.
Morena ya duerme con el enemigo.
MICHOACÁN: EL OTRO ROSTRO DE LA DISPUTA
Michoacán ofrece otra lectura.
Carlos Torres Piña fue designado coordinador y quedó colocado como principal perfil de Morena para 2027, mientras Raúl Morón quedó fuera de la contienda interna.
El episodio también exhibió la disputa entre grupos internos y la posición del PT, que había respaldado a Morón. Aquí la encuesta apareció como mecanismo formal, automático, en tanto el propio Morón ya amenazó con acudir a las instancias legales a denunciar las irregularidades.
Pero alrededor de ella gravitan las alianzas, los grupos, los gobernadores, los partidos aliados y las estructuras territoriales.
El analista Héctor Aguilar Camín sostiene que la selección de candidatos de Morena para 2027 exhibe una estructura interna cada vez más centralizada, cerrada y dependiente de acuerdos de las élites, en contraste con la imagen de participación ciudadana que anteriormente pretendía proyectar mediante las encuestas.
Y entonces la pregunta deja de ser exclusivamente estadística. Se vuelve política. Porque las encuestas pueden medir preferencias. Pero no explican por sí solas las negociaciones políticas que ocurren alrededor de ellas.
EL DILEMA DE MORENA
Morena enfrenta ahora un dilema peculiar, por decir lo menos.
Si publica las encuestas, tendrá que explicar sus resultados. Si no las publica, tendrá que explicar por qué un procedimiento presentado como democrático no puede ser conocido en sus aspectos esenciales.
La propia Citlalli Hernández ha dejado abierta incluso la posibilidad de repetir o rehacer alguna encuesta si fuera necesario, para dar certeza a los aspirantes inconformes.
Eso, paradójicamente, abre otra pregunta:
Si el procedimiento fue tan transparente, ¿por qué sería necesario repetirlo?
No se trata de afirmar que una encuesta sea fraudulenta porque no nos guste el resultado. Tampoco de afirmar que una persona ganó porque aparezca arriba en otra medición.
Se trata de algo mucho más sencillo: la democracia no sólo necesita resultados; necesita procedimientos verificables.
Y esa diferencia importa. Porque si todo queda reducido a “la encuesta dijo”, el ciudadano vuelve a quedar fuera del proceso.
EL DINOSAURIO
Tal vez ése sea el verdadero problema.
Que después de tantos años de hablar de transformación política, el viejo dinosaurio no desapareció. Aprendió nuevas palabras. Antes se llamaba dedazo.Ahora puede llamarse encuesta. Ahora puede anunciarse desde una conferencia partidista. Antes se hablaba de disciplina revolucionaria. Ahora se habla de unidad y cierre de filas.
Antes el candidato era “el bueno”. Ahora es “el coordinador”. Cambió el vocabulario; el escenario; el partido en el poder. Pero la vieja tentación de concentrar la decisión política sigue siendo la misma.
Y quizá ésa sea la verdadera enseñanza del cuento de Monterroso. Que el dinosaurio no necesita conservar el mismo rostro para seguir siendo el mismo dinosaurio.
Puede cambiar de nombre, de color, el discurso. O puede incluso proclamarse transformador.
Pero cuando despertamos y encontramos que la decisión ya estaba tomada y sólo faltaba conocer el procedimiento que supuestamente la produjo…el dinosaurio todavía está allí.
Y ahora, además, presume que ganó una encuesta.
ALACENA…
Una buena. Sueños periodísticos. El periodista y escritor José Luis Martínez S, director del suplemento Cultural Laberinto de Milenio, recibirá el Homenaje Nacional de Periodismo Fernando Benitez por sus casi 50 años de creatividad en el periodismo cultural, en el marco del 40 aniversario de la Feria Internacional del libro de Guadalajara a celebrarse el próximo mes de diciembre.
A propósito de este merecido reconocimiento, el editor de Laberinto, Roberto Pliego, compartió un texto sobre la trayectoria de José Luis, ícono del periodismo cultural; aquí un párrafo: “Hace ya varios años descubrí el secreto de la vitalidad y la siempre insatisfecha curiosidad de José Luis Martínez S.: está convencido de que todo es periodismo. Eso quiere decir que el hecho más pequeño, la acción más cotidiana, la iniciativa más lateral, el gesto más invisible también podrían ser materia periodística, siempre y cuando interroguen, y sacudan, a nuestro inmediato presente. Quiere decir que el periodista cultural que es José Luis Martínez S. vive literalmente, aunque nos haga creer que habita una casa, en el periodismo. Es probable que José Luis Martínez S. tenga incluso sueños periodísticos”.
Felicitaciones querido amigo y maestro José Luis Martínez S.
Otra buena. La UNAM de manteles muuuuyyy largos. Hay instituciones que sobreviven a los gobiernos. Hay otras que sobreviven a las épocas. Y existen unas cuantas que, además, terminan convirtiéndose en parte de la conciencia de una nación.
La Universidad Nacional Autónoma de México pertenece a esa última categoría.
Este 21 de septiembre se cumplieron 475 años del origen de la Universidad de México, antecedente histórico de la UNAM. Casi cinco siglos de una institución que ha atravesado virreinatos, guerras, imperios, repúblicas, revoluciones y gobiernos de todos los signos.
475 años después, el mayor homenaje que puede hacerse a la Universidad no es simplemente recordar su pasado. Es defender su derecho a pensar el futuro.
Una pésima. El huachicol que no es huachicol. El periodista Raymundo Rivapalacio reseña la pifia del gobierno de Claudia Sheinbaum luego de generar un espectáculo mediático en torno a un supuesto decomiso de huachicol en Guanajuato.
Riva Palacio cuestiona la solidez de la investigación de la FGR sobre la planta de aquella entidad donde fueron asegurados 59 millones de litros de combustible. La empresa operadora, Grupo Simsa, sostiene que cuenta con permisos en regla, entregó la documentación requerida y que el combustible pertenece a terceros, pues únicamente lo almacenaba.
El autor plantea que, si las autoridades logran demostrar que una parte importante del combustible era producto del contrabando, la operación representaría un golpe relevante contra ese delito; pero si no consiguen acreditarlo, el caso podría convertirse en un serio revés para la FGR. Además, introduce la hipótesis política de que el operativo pudiera haber sido utilizado para afectar al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, debido a las especulaciones sobre sus posibles aspiraciones presidenciales.















Deja una respuesta