JOHN LENNON, EL REBELDE RECALCITRANTE
Nació el 9 de octubre de 1940, en Liverpool. Cumpliría 86 años
“Estoy harto de leer cosas de políticos neuróticos, psicóticos y cabezones. Lo único que
quiero es la verdad, sólo dame alguna verdad”. John Lennon
Por: Héctor González Escobar
La creciente y recalcitrante rebeldía de John Lennon, así como su evidente capacidad para
influir en los otros tres integrantes de los Beatles, provocaba desconcierto incluso entre
quienes admiraban al grupo. Así lo escribió Philip Norman, periodista y biógrafo británico
reconocido por sus trabajos sobre Lennon y la legendaria banda de Liverpool.
En su retrato del músico, Norman describió la transformación de aquel personaje que, en
los primeros años de la Beatlemanía, parecía encarnar una imagen juvenil, divertida y
cercana, pero que pronto comenzó a mostrar aristas incómodas. Aquel Lennon de canciones
aparentemente sencillas evolucionó hacia una personalidad artística cada vez más compleja,
inconforme y dispuesta a desafiar las convenciones.
El biógrafo tampoco ocultó su disgusto ante la transformación de los Beatles: las gafas, los
bigotes, los collares hippies, las blusas de inspiración femenina y la influencia del
Maharishi Mahesh Yogi parecían alejar al grupo de aquella imagen impecable que había
conquistado al público.
Pero Lennon no estaba dispuesto a permanecer atrapado en el personaje que otros habían
construido para él.
Con motivo del aniversario de su nacimiento, es necesario recordar a una de las figuras más
influyentes de la música popular del siglo XX, quien el pasado 9 de octubre habría
cumplido 86 años.
John Lennon no sólo fue miembro fundador de The Beatles. Su trayectoria como solista
estuvo marcada también por el activismo, la inconformidad política y su persistente defensa
de la paz, aunque no exenta de contradicciones.
Norman retrata una existencia que comenzó en circunstancias extraordinarias: Lennon
nació en Liverpool, en 1940, durante un bombardeo alemán, y murió en Nueva York, en
1980, bajo los disparos de un admirador que se convirtió en su asesino.
Nació y murió bajo el signo de la violencia, escribe Norman en su obra John Lennon, The
Life, pero dedicó una parte fundamental de su vida a promover ideales de paz. Una lucha
apasionada que, como señala el biógrafo, también tuvo momentos de ingenuidad, paradojas
y contradicciones.
Lennon fue un Beatle, pero nunca pareció conformarse con pertenecer al grupo musical
más venerado de su época. Necesitaba ir más allá, cuestionar lo establecido y explorar los
límites de su propia libertad.
OTRA VUELTA DE TUERCA A UN PERSONAJE ANALIZADO HASTA LA
SACIEDAD
¿Qué mejor homenaje a Lennon que volver sobre algunas de las historias que contribuyeron
a construir su leyenda?
En John Lennon. Pop & Rock, el periodista y crítico musical barcelonés Ignacio Julià se
plantea cómo abordar la vida de un personaje tan estudiado. Su respuesta consiste en
equilibrar los datos biográficos —no siempre coincidentes entre las numerosas fuentes
disponibles— con el análisis de su música y de sus ideas.
Julià reconoce que la documentación sobre Lennon y los Beatles presenta discrepancias en
fechas y acontecimientos, mientras que la interpretación de sus canciones y su pensamiento
depende, inevitablemente, de la mirada de quien los estudia.
Con esa advertencia en mente, vale la pena recuperar una curiosidad que ha alimentado la
fascinación de los seguidores de Lennon: la recurrente presencia del número nueve en su
vida.
Nació un 9 de octubre; su hijo Sean nació el mismo día, 35 años después. Liverpool, su
ciudad natal, tiene nueve letras en inglés, y la numerología ha encontrado otras
coincidencias en su historia personal. El autobús escolar número 72, por ejemplo, suma
nueve.
La fascinación por ese número también quedó asociada a la música de los Beatles con
Revolution 9, la experimental composición incluida en el álbum conocido como The White
Album, publicado en 1968.
Coincidencias, interpretaciones y casualidades se mezclan en la biografía de un artista cuya
vida sigue despertando preguntas.
En 2010, el escritor francés David Foenkinos, melómano y admirador de Lennon, publicó
una biografía novelada que buscaba apartarse del mito para acercarse al hombre. La obra,
Lennon, reconstruye episodios de su infancia, sus relaciones familiares, su matrimonio, la
tormentosa historia de los Beatles, su relación con Yoko Ono y su particular filosofía de
vida.
Uno de los episodios más controvertidos de aquella trayectoria fue la declaración que dio la
vuelta al mundo: los Beatles eran «más populares que Jesucristo».
La frase apareció en una entrevista que la periodista británica Maureen Cleave publicó en
1966. En ella, Lennon reflexionaba sobre la pérdida de influencia del cristianismo y el
fenómeno de adoración que rodeaba al grupo. La declaración, retomada y difundida en
Estados Unidos fuera de su contexto original, desató una reacción particularmente virulenta
en sectores religiosos.
Hubo quemas de discos, amenazas y llamados a boicotear los conciertos. El Ku Klux Klan
también anunció su oposición a las presentaciones de la banda.
Lennon llegó a temer por su seguridad. Aunque ofreció disculpas públicas para contener la
crisis, aquella experiencia dejó una huella en su relación con la fama, la opinión pública y
la libertad de expresión.
En la reconstrucción literaria de Foenkinos, Lennon aparece consciente de que la
Beatlemanía había rebasado los límites de la música: millones de personas depositaban en
los cuatro músicos expectativas que poco tenían que ver con sus canciones.
El episodio permite entender una de las grandes paradojas de su vida: el artista que se
convirtió en ídolo de masas también rechazaba las ataduras que imponía la adoración
colectiva.
Hacia el final de la trayectoria de los Beatles, Lennon atravesó momentos de vaivenes
emocionales y llegó a expresar ideas de identificación con Jesucristo. Esos pasajes,
narrados en la obra de Foenkinos, muestran a un hombre vulnerable detrás de una figura
pública que parecía inquebrantable.
La libertad de pensamiento que defendía no lo libró de sus propias contradicciones. Quizá
por eso Lennon sigue siendo un personaje difícil de encasillar: pacifista y provocador,
creador y rebelde, ídolo popular y crítico de la misma sociedad que lo encumbró.
EL ÚLTIMO DÍA EN EL EDIFICIO DAKOTA
Mientras escribo estas líneas y escucho música de los Beatles —y, por supuesto, de John
Lennon—, vuelvo a uno de los episodios más dolorosos de su historia: la tarde del 8 de
diciembre de 1980, cuando Mark David Chapman lo esperaba frente al edificio Dakota, su
residencia en Nueva York.
En la reconstrucción de Foenkinos, Chapman aparece como un admirador cuya fascinación
terminó transformándose en resentimiento. Había decidido asesinar a Lennon y permaneció
cerca del edificio hasta que el músico regresó.
Horas antes, Lennon le había firmado un ejemplar de su álbum Double Fantasy. La
fotografía de aquel encuentro conserva una ironía trágica: el artista posa junto a quien
acabaría con su vida.
Cuando Lennon volvió al Dakota, Chapman le disparó cinco veces. Cuatro de los
proyectiles lo alcanzaron. El músico fue trasladado al Hospital Roosevelt, donde murió esa
misma noche.
Tenía 40 años. Chapman fue detenido en el lugar y posteriormente condenado a cadena perpetua. Su
crimen puso fin a una vida que había dejado una huella profunda en la música, la cultura
popular y el movimiento pacifista.
UNA ANÉCDOTA PERSONAL EN NUEVA YORK
En septiembre de 2018, por motivos de trabajo, viajé a Nueva York para acompañar al
presidente Enrique Peña Nieto, quien asistiría al periodo de sesiones de la Asamblea
General de las Naciones Unidas.
Durante una tarde libre decidí visitar el edificio Dakota, una construcción de estilo
neogótico inaugurada en 1884, situada en la calle 72 Oeste, frente a Central Park. Allí había
vivido Lennon durante sus últimos años y allí fue asesinado el 8 de diciembre de 1980.
Mi interés no era solamente arquitectónico o turístico. Quería estar frente al lugar e
imaginar los últimos momentos de un músico del que siempre he sido un apasionado
seguidor.
En la década de los setenta yo había sido baterista de un grupo local de rock, integrado por
amigos que compartíamos la pasión por la música. La banda se llamaba Apple Husk,
expresión que puede traducirse como «cáscara de manzana», un nombre inspirado, de
manera imaginaria, en Apple, la compañía discográfica fundada por los Beatles.
Quizá por eso, años después, encontrarme frente al Dakota tuvo para mí un significado
especial: fue una forma de acercarme, aunque fuera por unos instantes, a la historia de uno
de los artistas que marcaron mi vida.
Durante aquella visita oficial también ocurrió otro encuentro inesperado con la memoria de
los Beatles.
Como parte de las actividades del presidente Peña Nieto, se celebró una reunión con
representantes de los medios de comunicación en el Terrace Room del histórico Hotel
Plaza. Al concluir el encuentro, mientras los periodistas abandonaban el salón, me detuve
frente a una fotografía de gran formato en la que aparecían los cuatro Beatles junto a la
doctora Joyce Brothers, reconocida psicóloga, columnista y personalidad de la televisión
estadounidense, fallecida en 2013.
La imagen correspondía a la estancia del grupo en el Hotel Plaza, en febrero de 1964,
durante su primera visita a Estados Unidos. Aquella llegada marcó un momento decisivo en
la expansión internacional de la Beatlemanía.
En la fotografía, Ringo Starr parece tomarle el pulso a Joyce Brothers, mientras John
Lennon, Paul McCartney y George Harrison presencian la escena.
No se trataba de una imagen cualquiera. Formaba parte de la memoria histórica del hotel,
que conserva fotografías y testimonios de algunos de los acontecimientos y personajes que
han pasado por sus instalaciones.
Joyce Brothers tampoco era una periodista más. Se había convertido en una figura conocida
en todo Estados Unidos por su trabajo como psicóloga y por su presencia en la televisión y
la prensa, donde abordaba cuestiones de comportamiento humano y relaciones personales.
Su encuentro con los Beatles ofrecía una oportunidad para analizar un fenómeno que
entonces sorprendía al mundo: la Beatlemanía, esa mezcla de admiración musical,
identificación juvenil y devoción popular que convirtió a cuatro muchachos de Liverpool en
figuras de alcance planetario.
Aquel día, frente a la fotografía, la historia de los Beatles dejó de ser únicamente un
recuerdo musical. Por unos instantes, se volvió una experiencia personal: la imagen de
cuatro jóvenes que habían transformado la cultura popular y la memoria de un hombre que,
aun después de su muerte, sigue provocando preguntas.
John Lennon fue mucho más que el rebelde de gafas redondas, el compositor de canciones
inolvidables o el activista que convirtió la paz en una bandera. Fue también un hombre
lleno de contradicciones, capaz de incomodar a sus admiradores y de cuestionar el mundo
que lo celebraba.
Quizá esa sea una de las razones por las que su obra permanece vigente. No porque haya
ofrecido respuestas definitivas, sino porque nunca dejó de formular preguntas.
Y porque, detrás del mito, sigue estando aquel hombre que exigía algo elemental, pero no
siempre fácil de conseguir: la verdad.















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