Benjamin Netanyahu perdió la mayoría parlamentaria, pero no la batalla por el poder. El Primer Ministro de Israel resistió el castigo de las urnas y consiguió un resultado mejor al previsto, aunque quedó obligado a buscar nuevos aliados para prolongar su mandato.
Las elecciones legislativas del martes dejaron un Parlamento fragmentado y sin un vencedor capaz de gobernar por sí solo, en medio del desgaste político provocado por la guerra en Gaza, los cuestionamientos a la seguridad nacional y las divisiones sociales.
Con el 85.6 por ciento de los votos contabilizados, la coalición de derecha y partidos religiosos encabezada por Netanyahu alcanzaba una proyección de 53 escaños, frente a los 48 del bloque opositor liderado por el exmilitar Gadi Eisenkot.
Ambas alianzas quedaron lejos de los 61 diputados necesarios para controlar la Knéset, integrada por 120 legisladores.
Pierde Netanyahu mayoría; partidos árabes tienen la llave del poder
El retroceso representa un golpe para el mandatario israelí, cuya coalición llegó a disponer de 64 escaños durante la legislatura saliente.
Sin embargo, el desplome de sus aliados no se tradujo en una victoria clara de la oposición. Netanyahu consiguió mantener al Likud como la principal fuerza política del país y conservar una ventaja sobre sus adversarios.
La sorpresa electoral estuvo en los partidos de representación árabe, que se perfilaban para conseguir 19 escaños, una cifra histórica que podría convertirlos en árbitros de la formación del próximo gobierno.
Su avance complica las aspiraciones del Primer Ministro, pero también coloca a Eisenkot frente a una decisión delicada: negociar con fuerzas árabes que algunos de sus potenciales socios han rechazado incorporar a una coalición.
El propio Netanyahu descartó durante la campaña colaborar con esas agrupaciones, lo que reduce sus posibilidades de alcanzar una mayoría parlamentaria.
Netanyahu enfrenta desgaste por guerra en Gaza y crisis interna
El resultado refleja el malestar acumulado contra el gobierno después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las operaciones militares israelíes que siguieron.
A las críticas por las fallas de seguridad se sumaron las disputas sobre el reclutamiento de judíos ultraortodoxos, el costo de la vida y las exigencias de investigar las responsabilidades políticas y militares por los ataques.
Pese a ese escenario, Netanyahu consiguió movilizar a una parte importante del electorado conservador y superar las expectativas de sondeos que anticipaban un resultado más favorable para sus adversarios.
La fortaleza relativa del Likud contrasta con el debilitamiento de su alianza parlamentaria y confirma que la oposición al mandatario no constituye necesariamente una mayoría dispuesta a gobernar de manera conjunta.
Israel queda ante negociaciones y amenaza de nuevas elecciones
Netanyahu puede seguir gobernando sin mayoría
El presidente Isaac Herzog deberá consultar a las fuerzas políticas y determinar qué dirigente tiene mayores posibilidades de integrar un gobierno.
Mientras se desarrollan esas negociaciones, Netanyahu continuará como Primer Ministro interino, una condición que le permite conservar el cargo aunque su bloque no haya obtenido la mayoría necesaria para formar una nueva administración.
Para Eisenkot, el desafío será reunir a partidos con posiciones ideológicas enfrentadas y convencerlos de respaldar una alternativa común.
Si ninguno de los bloques consigue los apoyos suficientes, Israel podría enfrentar otra convocatoria electoral y prolongar una crisis de gobernabilidad que ha marcado buena parte de su historia política reciente.
Netanyahu salió debilitado de las urnas, pero no derrotado. Su permanencia dependerá menos de los votos que obtuvo y más de su capacidad para aprovechar las divisiones de sus adversarios.















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