Investigadores, comunidades costeras y organizaciones ambientalistas coincidieron en que el Golfo de México enfrenta una grave amenaza por la expansión de la actividad petrolera en aguas profundas, lo que pone en riesgo la biodiversidad marina, la seguridad alimentaria y el cumplimiento de los compromisos climáticos del país.
Durante el foro “El Golfo de México hacia una visión socioambiental”, organizado por Oceana y la Facultad de Ciencias de la UNAM, especialistas de diversas instituciones advirtieron que el desarrollo energético debe replantearse para no comprometer la conservación de los ecosistemas marinos.
La doctora Elva Escobar, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, destacó que “solo se ha explorado el 0.001% del mar profundo del Golfo de México”, lo que refleja su fragilidad ante las actividades extractivas. “Estos ecosistemas pueden tardar cientos o miles de años en recuperarse”, señaló.
Por su parte, Abigail Uribe Martínez, de la Universidad Autónoma de Baja California, resaltó que el Golfo es hábitat de especies migratorias como el cachalote y el tiburón ballena, además de ser clave para pesquerías comerciales como la del atún. En tanto, el doctor Víctor Camacho, también de la UABC, recordó que el mar profundo alberga microorganismos esenciales para la producción de oxígeno y la captura de carbono. “Si destruimos estos ecosistemas, perdemos funciones críticas para enfrentar la crisis climática”, advirtió.
La doctora Leopoldina Aguirre, del Cinvestav Mérida, recordó el precedente del derrame de Deepwater Horizon en 2010: “Los derrames petroleros pueden tener efectos en cascada devastadores y permanentes”.
El investigador Luca Ferrari afirmó que el sector petrolero mexicano “está en declive y cada vez es más costosa la extracción”, lo que reduce los recursos para mitigar los impactos ambientales.
Desde la sociedad civil, Manuel Llano, director de CartoCrítica, denunció que desde 2014 se han realizado más de 700 estudios de exploración petrolera (ARES) en el país, la mayoría en el Golfo, cuyos resultados permanecen confidenciales. “Esto impide conocer los riesgos reales sobre las comunidades y ecosistemas”, dijo.
Para Alejandro Espinoza, de Ecosur, el Golfo representa una oportunidad de replantear el modelo energético mexicano, mientras que la bióloga Gloria Tavera llamó a recuperar el diálogo entre comunidades, academia y gobierno.
Habitantes de El Bosque, Tabasco, como Cristina Pacheco y Guadalupe Cobos, narraron cómo su comunidad fue desplazada por el aumento del nivel del mar: “El mar se llevó nuestras casas y ahora quieren seguir sacando petróleo. ¿Cuántas comunidades más deberán desplazarse?”, cuestionaron.
La Dra. Margarita Caso, de Semarnat, coincidió en la necesidad de estos espacios de diálogo, y Renata Terrazas, directora ejecutiva de Oceana México, subrayó: “El gobierno debe escuchar lo que la ciencia lleva años advirtiendo: el Golfo de México no puede soportar más presión extractiva”.
Un ecosistema vital en riesgo
El Golfo de México alberga más de 15,000 especies marinas —1,500 de ellas endémicas—, 30 especies de mamíferos marinos y cinco de las siete especies de tortugas marinas del planeta. Además, provee sustento a más de 90,000 pescadores ribereños y es clave en la captura de carbono.
Sin embargo, décadas de explotación petrolera han dejado contaminación crónica, destrucción de hábitats y deterioro de las pesquerías, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y el futuro de las comunidades costeras.















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