A 16 años de la masacre de Villas de Salvárcar, familiares mantienen vivo el recuerdo de las víctimas en un memorial; persisten reclamos por justicia y críticas a las respuestas institucionales ante uno de los crímenes que marcó la violencia en Ciudad Juárez.
Eran cerca de la medianoche del 30 de enero de 2010 cuando los jóvenes, en su mayoría estudiantes de preparatoria y universidad, celebraban un cumpleaños en un domicilio de la calle Villas del Portal en el fraccionamiento Villas de Salvárcar. Testigos relatan que al menos 20 hombres armados llegaron en varios vehículos, cerraron la calle y entraron a la fiesta para abrir fuego contra los asistentes.
El ataque dejó inicialmente 14 personas muertas y varios heridos; días después la cifra de fallecidos llegó a 16 por la gravedad de las lesiones. Las víctimas tenían entre 15 y 20 años, y según vecinos y familiares, ninguno tenía vínculos con el crimen organizado, lo que generó cuestionamientos sobre las primeras versiones oficiales que hablaron de ajustes de cuentas entre bandas.
La masacre sacudió a Ciudad Juárez y al país en un momento en que la ciudad fronteriza ya acumulaba altos índices de homicidios relacionados con la violencia del narcotráfico y las disputas entre cárteles. El suceso se convirtió en un símbolo de la crisis de seguridad en México y detonó la implementación de programas como “Todos Somos Juárez”, impulsado por el gobierno federal con acciones dirigidas a la reconstrucción social y económica de la frontera.
A lo largo de los años, familiares de las víctimas han preservado la memoria de los jóvenes asesinados, organizando misas, veladas y mantenimiento del Memorial 30 de Enero en el lugar donde ocurrieron los hechos. Vecinos señalan que muchos familiares ya no viven en la colonia, pero regresan cada aniversario para rendir homenaje y exigir que los responsables rindan cuentas ante la justicia.
Organizaciones civiles y defensores de derechos humanos han denunciado que la investigación y el proceso judicial presentan lagunas, con casos de tortura reconocidos por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en contra de acusados, y responsables clave aún encarcelados sin que se hayan aclarado plenamente todos los móviles y redes detrás del crimen.
La conmemoración de los 16 años vuelve a poner sobre la agenda pública la discusión sobre la violencia armada en México, la protección de los jóvenes y la necesidad de respuestas institucionales más efectivas para garantizar justicia, verdad y reparación para las familias que perdieron a sus hijos e hijas en aquella noche trágica de Ciudad Juárez.















Deja una respuesta