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Netflix le arrebata al Tri a la TV abierta: comienza la disputa por el futbol mexicano

La llegada de Netflix a las transmisiones de la Selección Mexicana confirma el cambio de modelo en la industria audiovisual. La televisión abierta no desaparece, pero pierde uno de sus contenidos más valiosos y enfrenta una nueva batalla por la audiencia.

Durante décadas, ver jugar a la Selección Mexicana fue un ritual gratuito y masivo. Canal 5 y Azteca 7 dominaron una de las audiencias más rentables del país. Ese escenario comenzó a romperse con el anuncio de que Netflix transmitirá en exclusiva en México la Copa Oro y las Finales de la Nations League de Concacaf en las ediciones 2027 y 2029.

El acuerdo entre Netflix y Concacaf tendrá vigencia de cuatro años y convierte a la plataforma en la nueva ventana principal para dos de los torneos más relevantes de selecciones en la región. En los hechos, el mensaje al mercado es contundente: el futbol premium ya no pertenece sólo a la televisión tradicional.

La operación también exhibe el nuevo peso económico de las plataformas globales. Reportes periodísticos señalan que Netflix habría desembolsado alrededor de 60 millones de dólares por los derechos de transmisión, una cifra difícil de igualar para las televisoras locales en un mercado publicitario más fragmentado que hace una década.

Para Televisa y TV Azteca, la pérdida va más allá del simbolismo. Los partidos del Tri generan rating, patrocinio, conversación digital y fidelidad de audiencia. Sin esos encuentros, las cadenas deberán fortalecer otros activos: Liga MX, entretenimiento, noticias y eventos especiales para contener la migración de espectadores.

El cambio también modifica la experiencia del aficionado. Para seguir a México en esos torneos será necesario contar con conexión a internet, dispositivo compatible y una suscripción activa. Netflix ha comunicado que los partidos estarán integrados a sus planes sin costo adicional, pero el acceso deja de ser universal.

Ahí aparece el debate público. En México, millones de hogares todavía dependen de la señal abierta como principal vía de información y entretenimiento. Tras el anuncio, surgieron propuestas políticas para garantizar por ley que los partidos de la Selección Mexicana puedan verse en televisión abierta, bajo el argumento de interés público y derecho de acceso.

El movimiento de Netflix no ocurre en aislamiento. El mercado mexicano ya mostraba señales de transición: plataformas digitales han ganado derechos de torneos internacionales, ligas extranjeras y clubes locales. El negocio cambió de lógica: ya no sólo importa vender anuncios, sino sumar suscriptores y retener usuarios.

¿Se acabó la TV abierta? No todavía. Sigue teniendo alcance nacional, capacidad de convocatoria y peso cultural. Pero ya no juega sola. El silbatazo inicial de una nueva era ya sonó, y el balón ahora también rueda entre algoritmos, aplicaciones y muros de pago.

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