La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, reivindicó el legado histórico de los pueblos originarios, destacó los principios diplomáticos del Estado mexicano y aseguró que existen dos modelos políticos enfrentados: uno orientado al pueblo y otro, dijo, al servicio de las élites.
Al referirse al reconocimiento internacional hacia México, la mandataria señaló que también implica valorar el origen de la nación y la herencia de las grandes civilizaciones prehispánicas.
“Tiene que reconocerse el legado de grandeza de dónde venimos. Quien no quiera reconocer el legado de grandeza de las grandes civilizaciones, difícilmente puede identificarse con el origen de México”, expresó.
Añadió que la identidad nacional no puede entenderse desde una visión colonialista. “Hay que reconocer la grandeza de los pueblos y no esta visión de que con el descubrimiento de América y la conquista llegaron a civilizarnos”, sostuvo.
Sheinbaum afirmó que ese reconocimiento histórico forma parte de lo que denominó “humanismo mexicano”, concepto que, explicó, abarca desde la historia precolombina hasta las transformaciones políticas contemporáneas del país.
En materia internacional, subrayó que México mantiene una posición de avanzada por los principios establecidos en la Constitución, entre ellos la autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la solución pacífica de los conflictos.
“Esto es lo avanzado que es México en su política exterior”, dijo al mencionar que esa tradición proviene de referentes históricos como Benito Juárez, Venustiano Carranza, Lázaro Cárdenas y Genaro Estrada.
Como parte de las propuestas impulsadas por México, destacó la necesidad de redirigir recursos del gasto militar global hacia acciones sociales y ambientales.
“Parte de lo que se destina hoy al militarismo en el mundo se destine a reforestar el mundo y a dar empleo a millones de ciudadanos, particularmente de los países más pobres”, afirmó.
La presidenta también propuso que una futura cumbre internacional se lleve a cabo en México con el eje de “economía para el bienestar y cooperación para el desarrollo”.
En el plano interno, Sheinbaum contrastó su proyecto político con la oposición conservadora. Aseguró que la derecha representa exclusión y privilegios.
“La derecha es el odio, la discriminación, el clasismo, el racismo; hablan de libertad, pero es la libertad de unos cuantos frente al abandono de muchos”, declaró.
Frente a ello, defendió que los gobiernos progresistas impulsan bienestar social y derechos universales. “Está el amor, la solidaridad, la fraternidad, la inclusión, el por el bien de todos, primero los pobres y la prosperidad compartida”, indicó.
Finalmente, resumió la diferencia entre ambas visiones de gobierno: “Los gobiernos de derecha son de las élites. Los gobiernos progresistas y humanistas son gobiernos del pueblo y para el pueblo”.














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