Estados Unidos y Arabia Saudita concretaron este martes un acuerdo de cooperación nuclear civil que permitirá a empresas estadounidenses participar en la construcción de reactores nucleares en el reino, pero que también abre la posibilidad de que Riad desarrolle capacidad para enriquecer uranio, uno de los puntos más controvertidos del pacto por sus implicaciones estratégicas y de seguridad internacional.
El acuerdo, negociado durante varios años y formalizado por el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y el ministro saudí de Energía, Abdulaziz bin Salman, será enviado al Congreso de Estados Unidos para un periodo de revisión de 90 días, conforme a la Ley de Energía Atómica.
El enriquecimiento de uranio, el punto más polémico del acuerdo
A diferencia del convenio firmado por Emiratos Árabes Unidos en 2009 —considerado el «estándar de oro» por prohibir el enriquecimiento de uranio—, el nuevo acuerdo con Arabia Saudita no impide que el reino pueda desarrollar esa capacidad bajo determinadas condiciones.
El pacto también contempla la posibilidad de reprocesar combustible nuclear gastado, otra tecnología sensible porque puede utilizarse tanto para fines civiles como para la producción de material apto para armas nucleares.
Expertos en no proliferación consideran que esta cláusula representa un cambio significativo en la política estadounidense hacia Medio Oriente y podría sentar un precedente para otros países de la región.
Empresas estadounidenses buscan dominar el mercado nuclear saudí
El objetivo estratégico de Washington es asegurar que compañías estadounidenses lideren el desarrollo del programa nuclear saudí y evitar que China o Rusia ocupen ese espacio.
El acuerdo abre oportunidades de inversión por miles de millones de dólares para la industria nuclear estadounidense, particularmente para firmas como Westinghouse, que aspiran a construir los primeros reactores comerciales del reino.
Legisladores alertan sobre una carrera armamentista
El convenio ya enfrenta cuestionamientos dentro del Congreso estadounidense.
Legisladores demócratas advirtieron que permitir a Arabia Saudita enriquecer uranio podría acelerar una nueva carrera nuclear en Medio Oriente, especialmente después de que el príncipe heredero Mohammed bin Salman declarara en años anteriores que el reino buscaría desarrollar armas nucleares si Irán llegara a obtenerlas.
Las críticas también se centran en que el acuerdo no incorpora el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), considerado una de las herramientas más estrictas para inspeccionar instalaciones nucleares civiles.
Un nuevo tablero geopolítico en Medio Oriente
La firma del acuerdo fortalece la alianza estratégica entre Washington y Riad en un momento de alta tensión regional, marcado por las rivalidades con Irán y la competencia entre Estados Unidos, China y Rusia por ampliar su influencia en el Golfo Pérsico.
Aunque la Casa Blanca sostiene que el programa será exclusivamente civil y sujeto a compromisos de no proliferación, el acuerdo podría modificar el equilibrio estratégico en Medio Oriente y convertirse en uno de los temas de mayor debate en el Congreso estadounidense durante las próximas semanas.















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