Iglesia pide poner límites a la IA: exige reglas para proteger dignidad y derechos

La Iglesia pide regular la IA sin frenar innovación ni dignidad humana

Ante el acelerado avance de la Inteligencia Artificial, la Iglesia católica llamó a las autoridades a establecer reglas y límites que permitan aprovechar la tecnología sin ceder a los algoritmos decisiones que corresponden a las personas.

La Arquidiócesis Primada de México sostuvo que el desarrollo tecnológico no debe medirse únicamente por la capacidad de las máquinas, sino por sus consecuencias sobre la dignidad humana, la privacidad, el empleo, los derechos de autor, la seguridad y la responsabilidad frente a posibles daños.

En su editorial “¿Quién pone límites a la Inteligencia Artificial?”, publicado este 19 de septiembre por el semanario Desde la Fe, la Iglesia planteó que México requiere avanzar hacia una regulación que no frene la innovación, pero tampoco otorgue una confianza irrestricta a los sistemas automatizados.

“Mientras buscamos construir máquinas cada vez más capaces, debemos asegurarnos de no entregarles nuestra capacidad de discernir, asumir responsabilidades y decidir nuestro futuro”.

La publicación sostiene que los límites deben ser definidos bajo criterios humanos y no quedar determinados por las propias tecnologías.

Pide reglas que pongan en el centro a las personas

La Iglesia señaló que no rechaza el desarrollo tecnológico y reconoció que éste ha contribuido a mejorar las condiciones de vida, pero advirtió que cualquier progreso puede generar daños cuando carece de criterios orientados al bien común.

Por ello, consideró necesario que la discusión pública deje de concentrarse exclusivamente en hasta dónde puede avanzar la Inteligencia Artificial y se enfoque también en quién debe ponerle límites, bajo qué criterios y quién responderá cuando ocasione daños.

Entre las interrogantes que plantea están qué decisiones nunca deberían quedar exclusivamente en manos de un algoritmo, quién debe responder ante errores de un sistema, cómo proteger los datos personales y qué mecanismos deben establecerse frente a afectaciones laborales, de derechos de autor, seguridad o acceso a servicios.

Advierte sobre responsabilidad detrás de algoritmos

La Arquidiócesis retomó planteamientos de la encíclica Magnifica Humanitas, del Papa León XIV, para señalar que la responsabilidad humana no puede desaparecer detrás de un sistema automatizado.

El documento plantea que debe ser posible identificar quién diseñó una herramienta, quién la utilizó y quién decidió delegarle determinada tarea, particularmente cuando sus decisiones puedan afectar el trabajo, la reputación, el acceso a servicios o los derechos de las personas.

La Iglesia insistió en que una regulación adecuada debe permitir el desarrollo tecnológico sin perder de vista sus consecuencias sociales.

“Necesitamos reglas que permitan innovar y, al mismo tiempo, coloquen en el centro la dignidad humana”.

Ve oportunidad para regular la IA en México

La Arquidiócesis consideró que México tiene la oportunidad de construir un marco regulatorio que no parta del temor hacia la tecnología, pero tampoco de una confianza ingenua en sus capacidades.

La discusión sobre la IA ya había sido abordada por la Iglesia en julio, cuando Desde la Fe planteó la necesidad de que autoridades, instituciones educativas y familias participaran en la construcción de políticas públicas para enfrentar sus efectos.

Ese debate ocurre mientras el País analiza posibles reglas para el desarrollo y utilización de herramientas de Inteligencia Artificial, particularmente por sus repercusiones en privacidad, empleo, educación y derechos.

“Los límites no pueden decidirlos las máquinas”

Para la Iglesia, la cuestión central no es impedir el avance tecnológico, sino garantizar que las personas conserven el control sobre decisiones que pueden tener efectos directos en la vida cotidiana.

“El verdadero progreso”, planteó Desde la Fe, también debe evaluarse a partir de a quién beneficia una tecnología, qué derechos protege y qué tipo de sociedad contribuye a construir.

La conclusión del editorial es tajante: la Inteligencia Artificial necesita límites y esos límites deben ser establecidos por seres humanos, no por las máquinas.

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