El destino que durante años vendió exclusividad, naturaleza y lujo frente al Caribe mexicano enfrenta ahora una tormenta casi perfecta: menos turistas, hoteles semivacíos, vuelos cancelados, costos elevados, sargazo, problemas de movilidad y una percepción de inseguridad que ha terminado por erosionar una de las marcas turísticas más exitosas de México.
La señal más reciente llegó por aire.
Aeroméxico suspendió el 30 de septiembre todos sus vuelos hacia y desde el Aeropuerto Internacional Felipe Carrillo Puerto, argumentando “condiciones de mercado”. La terminal, inaugurada a finales de 2023 como una apuesta para consolidar a Tulum como destino internacional, perdió además operaciones de Avianca, Copa Airlines, JetBlue y Volaris Costa Rica. Volaris prevé también retirar operaciones en enero de 2027.
La crisis aérea no es menor: entre enero y junio de 2026, el aeropuerto movilizó alrededor de 471 mil 500 pasajeros, contra 705 mil 400 en igual lapso de 2025, un desplome de 33.2 por ciento. Entre los viajeros internacionales, la caída fue todavía mayor: 40.8 por ciento.
De enero a agosto, la terminal acumuló 583 mil 408 pasajeros. Sólo en agosto recibió 53 mil 428, menos de la mitad de los 107 mil 751 registrados en enero. El tráfico internacional cayó de 63 mil 162 pasajeros en enero a apenas 7 mil 572 en agosto.
Del boom turístico a los cuartos vacíos
La caída aérea es apenas una de las manifestaciones de un problema más profundo.
Durante la primera semana de septiembre, la ocupación hotelera promedio de Tulum fue de 41.5 por ciento, según datos del Sistema de Información Turística de Quintana Roo. Para mediados del mes llegó a 51.1 por ciento, pero esas cifras esconden una realidad particularmente severa en determinados segmentos.
David Ortiz Mena, presidente de la Asociación de Hoteles de Tulum, reportó que durante la temporada baja algunos establecimientos llegaron a registrar ocupaciones cercanas a 15 por ciento. Hoteles de la zona costera se mantuvieron por debajo del 20 por ciento y complejos todo incluido por debajo del 30 por ciento. Algunos hoteles incluso cerraron temporalmente o comenzaron a evaluar operaciones exclusivamente estacionales.
El problema ya venía gestándose.
Entre enero y abril de 2026, Tulum recibió 522 mil 705 visitantes, 21 mil 718 menos que en el mismo periodo del año anterior, una baja cercana al 4 por ciento. En ese mismo periodo, los pasajeros del aeropuerto bajaron de 530 mil 783 a 365 mil 851, mientras los visitantes a la zona arqueológica pasaron de 500 mil 29 a 361 mil 600: una contracción de alrededor de 28 por ciento.
La Zona Arqueológica ya había cerrado 2025 con apenas 1 millón 31 mil 443 visitantes, aproximadamente 20 por ciento menos que durante 2024.
El paraíso se volvió demasiado caro
Durante años Tulum pudo cobrar una prima por exclusividad. El problema llegó cuando el visitante comenzó a percibir que el precio ya no correspondía con la experiencia.
Hoteles boutique, restaurantes, beach clubs, transporte terrestre y accesos turísticos fueron sumando costos en un destino donde prácticamente cada movimiento podía implicar un pago adicional.
El problema llegó incluso al Gobierno federal.
En julio, la Administración de Claudia Sheinbaum modificó las tarifas del Parque del Jaguar y de la Zona Arqueológica. El propio decreto presidencial reconoció que la concurrencia de distintos cobros representaba una “carga económica” para los visitantes, especialmente para extranjeros, y que era necesario reducirla para recuperar competitividad.
El Gobierno tuvo que bajar el precio de entrar
A partir del 20 de julio, se estableció gratuidad para mexicanos en el Parque del Jaguar y se redujeron los cobros vinculados con la visita a la zona arqueológica.
El nuevo esquema dejó en 80 pesos el pago unificado para mexicanos y en 265 pesos para extranjeros considerando los diferentes componentes previstos por el decreto. También se redujo a 20 pesos el transporte eléctrico interno.
La medida fue parte del denominado Plan Tulum Renace, una estrategia de diez acciones que incluye transporte público, estacionamientos, mejor atención a turistas, certificación de prestadores de servicios, promoción internacional y recuperación de rutas aéreas.
El nombre mismo del programa sintetiza el tamaño del problema: el Gobierno considera necesario hacer “renacer” uno de los destinos turísticos que apenas unos años atrás parecía imparable.
Seguridad: violencia que también cobra factura
A los precios se suma otro problema que no puede medirse sólo en habitaciones ocupadas: la reputación de seguridad.
El Departamento de Estado de Estados Unidos mantiene a Quintana Roo en nivel 2, de “precaución incrementada”, por delincuencia y otros riesgos. Su advertencia señala que enfrentamientos entre grupos criminales han dejado víctimas inocentes y pide especial atención después del anochecer en los centros de Cancún, Playa del Carmen y Tulum.
El problema tiene antecedentes conocidos: narcomenudeo asociado con la vida nocturna, disputas criminales y denuncias por extorsión a establecimientos comerciales.
La propia Fiscalía de Quintana Roo identifica a Tulum entre los municipios donde han operado objetivos considerados generadores de violencia y donde se han realizado investigaciones relacionadas con homicidio, narcomenudeo, extorsión y otros delitos de alto impacto.
No significa que todos los turistas enfrenten violencia ni que ésta explique por sí sola el desplome del destino. Pero sí representa un costo reputacional importante en un mercado donde Tulum compite con playas del Caribe, Centroamérica, Florida y otras regiones de México.
Sargazo: pagar más para encontrar menos playa
A ese escenario se agregó en 2026 una temporada particularmente complicada de sargazo.
El fenómeno comenzó temprano y obligó a hoteles y autoridades a incrementar los trabajos de retiro. Para algunos establecimientos, las labores contra el alga pueden alcanzar costos de hasta 500 mil pesos semanales, de acuerdo con representantes del sector hotelero.
La paradoja es particularmente dañina para Tulum: un destino que cobra tarifas de lujo depende fundamentalmente de la calidad de su playa.
Si el turista paga más por alojamiento, alimentos y transportación, pero encuentra una costa afectada por toneladas de sargazo, la percepción de valor disminuye y las redes sociales amplifican rápidamente las malas experiencias.
Airbnb, construcción y especulación saturaron el mercado
El éxito de Tulum también sembró parte de su crisis.
La explosión inmobiliaria multiplicó condominios, desarrollos, departamentos turísticos y propiedades ofrecidas en plataformas digitales. De acuerdo con el sector hotelero, existen alrededor de 4 mil 500 registros de renta vacacional en plataformas, creando una oferta paralela que compite directamente con hoteles tradicionales.
La construcción acelerada llevó además a colonias con infraestructura insuficiente, vialidades saturadas y servicios públicos incapaces de crecer al mismo ritmo que el desarrollo inmobiliario.
Mientras se construyeron habitaciones y departamentos suponiendo una demanda turística permanente, el mercado comenzó a enfriarse.
El resultado es una oferta creciente que pelea por una demanda menor.
Más cuartos, menos huéspedes
La contradicción es evidente: mientras algunos hoteles han cerrado temporalmente por falta de huéspedes, nuevas inversiones continúan avanzando.
En julio, por ejemplo, fue autorizado un proyecto hotelero de más de mil habitaciones con una inversión estimada en 139 millones de dólares.
Tulum enfrenta así un riesgo clásico de sobreoferta: seguir agregando habitaciones cuando el número de viajeros no crece al mismo ritmo.
El aeropuerto que debía salvar a Tulum también entró en crisis
La terminal Felipe Carrillo Puerto debía resolver uno de los grandes obstáculos históricos de Tulum: depender del Aeropuerto de Cancún y recorrer por carretera más de 100 kilómetros.
Durante sus primeros meses pareció funcionar.
El aeropuerto movilizó alrededor de 1.23 millones de pasajeros en 2024 y 1.24 millones en 2025. Pero en 2026 el impulso se desvaneció.
Las rutas internacionales directas se redujeron de aproximadamente 12 a cuatro y algunas aerolíneas retiraron frecuencias debido a menor demanda y rentabilidad.
La comparación con Cancún es todavía más reveladora: entre enero y mayo de 2026 el tráfico de Cancún cayó 3.4 por ciento; en Tulum, 31.6 por ciento.
No se trata únicamente de una desaceleración regional. Tulum está perdiendo pasajeros mucho más rápido.
Una crisis provocada por muchas crisis
No existe una sola causa detrás del retroceso.
Tampoco hay evidencia suficiente para atribuirlo exclusivamente a la inseguridad, al sargazo o al precio de los hoteles.
Lo que distingue a Tulum es precisamente la acumulación de problemas.
Precios elevados redujeron competitividad. La expansión inmobiliaria multiplicó la oferta. El sargazo deterioró el principal atractivo natural. Los cobros y dificultades de acceso afectaron la experiencia turística. Los problemas de movilidad elevaron costos. La violencia dañó la imagen internacional. Y finalmente, la caída de visitantes comenzó a provocar la cancelación de vuelos.
Ese último elemento puede generar un círculo vicioso.
Menos viajeros producen menos vuelos; menos vuelos encarecen o dificultan llegar; y una menor conectividad puede provocar todavía menos visitantes.
Tulum ya busca rescate
La respuesta gubernamental demuestra que las autoridades reconocen el problema.
El Plan Tulum Renace contempla abaratar accesos, mejorar transporte, ordenar servicios públicos, profesionalizar prestadores turísticos, fortalecer la seguridad, promocionar internacionalmente el destino y atraer nuevas rutas aéreas.
Sin embargo, el reto va más allá de una campaña publicitaria.
Tulum tiene que recuperar algo más difícil de conseguir que una ruta aérea: la percepción de que lo que cobra vale lo que ofrece.
Durante una década, su modelo se construyó alrededor de la exclusividad. Ese modelo funcionó mientras miles de viajeros estaban dispuestos a pagar una prima por visitar el destino de moda.
En 2026, las habitaciones vacías, los vuelos cancelados y la reducción oficial de tarifas muestran que ese margen se agotó.
La factura del éxito
Tulum no dejó de tener playas espectaculares, cenotes, selva ni patrimonio maya.
Lo que perdió fue parte de la ventaja que lo convirtió en fenómeno mundial.
Su crisis no es únicamente turística. Es económica, urbana, ambiental, aérea y de seguridad.
Y quizá la mayor advertencia sea ésta: Tulum creció durante años como si los turistas nunca fueran a dejar de llegar. En 2026 descubrió que sí pueden hacerlo.















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