Dos años después del secuestro y traslado ilegal de Ismael «El Mayo» Zambada a Estados Unidos, Sinaloa permanece inmerso en una de las etapas más violentas y económicamente más complejas de su historia reciente.
El 25 de julio de 2024, Joaquín Guzmán López, integrante de la facción de Los Chapitos, engañó y privó de la libertad al histórico líder del Cártel de Sinaloa en el rancho Santa Julia, en Culiacán, para posteriormente entregarlo a autoridades estadounidenses en un aeropuerto de Nuevo México. La operación fracturó definitivamente al grupo criminal y detonó una guerra interna entre La Mayiza y Los Chapitos, conflicto que continúa hasta hoy.
De acuerdo con cifras oficiales y reportes recopilados por medios nacionales, desde el inicio de esa confrontación hasta julio de 2026, el saldo supera 3 mil 604 personas asesinadas, además de miles de desapariciones, desplazamientos forzados y una creciente afectación al tejido social del estado.
La violencia golpeó también a la economía sinaloense
Lo que comenzó como una disputa entre dos facciones del Cártel de Sinaloa pronto dejó de ser únicamente un problema de seguridad.
Empresarios, comerciantes y restauranteros enfrentan una caída sostenida en ventas debido al cierre anticipado de negocios, suspensión de actividades nocturnas y disminución del turismo, particularmente en Culiacán y otros municipios del centro del estado.
La incertidumbre también provocó la cancelación de inversiones, interrupciones en cadenas de suministro y mayores costos para las empresas, mientras cientos de familias modificaron sus rutinas por el temor a enfrentamientos armados, bloqueos carreteros y ataques directos.
H2: Una guerra sin vencedores
La confrontación entre La Mayiza, encabezada por Ismael Zambada Sicairos, «El Mayito Flaco», y Los Chapitos, liderados por los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán, se convirtió en una disputa territorial por rutas de trasiego, laboratorios clandestinos y control financiero del cártel.
Aunque las autoridades federales han desplegado miles de elementos militares y de la Guardia Nacional, los episodios de violencia continúan registrándose prácticamente a diario en distintas regiones de Sinaloa.
Especialistas en seguridad advierten que la captura de «El Mayo» no debilitó a la organización criminal, sino que aceleró una reconfiguración interna que derivó en una guerra abierta por el liderazgo del grupo delictivo.
El caso también tensó la relación México-Estados Unidos
La forma en que Ismael Zambada fue llevado a territorio estadounidense provocó uno de los mayores desencuentros diplomáticos recientes entre ambos países.
La Fiscalía General de la República sostiene que el capo fue víctima de un secuestro y extracción ilegal desde México, mientras que autoridades estadounidenses reconocieron posteriormente que Joaquín Guzmán López colaboró en la operación para obtener beneficios judiciales.
El caso derivó en investigaciones tanto en México como en Estados Unidos y abrió un debate sobre la cooperación bilateral en materia de combate al crimen organizado.
Dos años después, la paz sigue lejos
A dos años del operativo que cambió el equilibrio interno del Cártel de Sinaloa, la entidad continúa pagando el costo de una guerra que no muestra señales de terminar.
Más de 3 mil 600 homicidios, miles de desapariciones, una economía debilitada y una sociedad que ha normalizado los operativos militares y las balaceras reflejan el impacto de un conflicto cuya factura sigue creciendo.
La captura de uno de los narcotraficantes más poderosos de México no significó el fin de la violencia; por el contrario, abrió un nuevo capítulo en la disputa criminal que mantiene a Sinaloa atrapado entre la inseguridad, la incertidumbre económica y la ausencia de una solución de fondo.














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