México se abstuvo de respaldar en la Organización de los Estados Americanos (OEA) la convocatoria urgente de cancilleres para analizar acciones ante la crisis de Nicaragua, luego de que Daniel Ortega anunciara que en ese país “no volverá a haber elecciones”.
La posición mexicana, expresada por el embajador Alejandro Encinas, contrastó con la amplia mayoría del Consejo Permanente que aprobó elevar el caso a una Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores.
La resolución CP/RES. 1317, aprobada el 19 de agosto, establece que los acontecimientos en Nicaragua constituyen “un problema de carácter urgente y de interés común” y sostiene que “la democracia representativa […] ya no existe en Nicaragua”.
El documento ordena convocar “tan pronto como sea posible” a los cancilleres para analizar la situación y determinar “acciones apropiadas” conforme a la Carta de la OEA, la Carta Democrática Interamericana y el derecho internacional.
México, sin embargo, decidió no sumarse.
Encinas: Nicaragua no amenaza la paz hemisférica
Alejandro Encinas justificó la abstención mexicana bajo el argumento de que la crisis interna nicaragüense no alcanza la dimensión de una amenaza para la seguridad regional.
“México ha votado en abstención ya que considera que la situación interna en Nicaragua no constituye una amenaza a la paz o a la seguridad hemisférica”.
El representante mexicano sostuvo además que la política exterior del País debe mantener el equilibrio entre la defensa de la democracia y los derechos humanos y los principios de no intervención, soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Encinas advirtió que encuadrar la crisis nicaragüense como un asunto de seguridad podría profundizar la confrontación en lugar de generar una solución, y planteó privilegiar el diálogo y los mecanismos diplomáticos.
Ortega elimina la vía electoral en Nicaragua
La discusión en Washington ocurre después de que Ortega anunciara públicamente el fin de las elecciones como mecanismo para disputar el poder político.
“Aquí no volverá a haber elecciones”, afirmó el gobernante nicaragüense durante los actos por el aniversario de la Revolución Sandinista.
Ortega justificó la decisión con el argumento de impedir que la oposición pueda volver a “atrapar al Gobierno” mediante las urnas. Los comicios estaban previstos para 2027.
El anuncio supone un nuevo escalón en el desmantelamiento del sistema electoral nicaragüense, después de años de persecución a opositores, encarcelamiento de adversarios políticos y reformas que han concentrado el poder en Ortega y su esposa y copresidenta, Rosario Murillo.
OEA declara que la democracia “ya no existe” en Nicaragua
La respuesta del organismo hemisférico fue especialmente severa.
La resolución aprobada por el Consejo Permanente no se limita a expresar preocupación: afirma expresamente que la democracia representativa dejó de existir en Nicaragua y vincula su defensa con la estabilidad, la paz y el desarrollo regional.
La OEA había convocado previamente la sesión del 19 de agosto precisamente para discutir el proyecto de resolución destinado a reunir a los cancilleres ante la situación nicaragüense.
La iniciativa salió adelante con 29 votos a favor, mientras México se abstuvo y Brasil votó en contra, de acuerdo con reportes de la sesión.
Abstención de México envía señal ante quiebre democrático
La decisión coloca nuevamente a México en una posición diferenciada frente a buena parte del continente en un asunto que trasciende una disputa política interna: Ortega ha anunciado abiertamente la eliminación de las elecciones como vía de acceso al poder.
La abstención no equivale jurídicamente a un respaldo al Gobierno nicaragüense. Encinas reiteró el compromiso mexicano con la democracia y los derechos humanos y aseguró que México apoyaría esfuerzos de diálogo respetuosos de la soberanía.
Sin embargo, en términos políticos, la abstención constituye una dura señal frente al quiebre democrático nicaragüense, pues México decidió no acompañar la respuesta institucional impulsada por una amplia mayoría de países de la OEA ante la cancelación de la vía electoral.
El contraste es particularmente marcado: mientras el Consejo Permanente sostiene oficialmente que la democracia representativa “ya no existe” en Nicaragua, México argumentó que la situación no representa una amenaza para la paz o la seguridad hemisférica.
México privilegia no intervención frente a presión regional
La postura refleja una tensión recurrente de la diplomacia mexicana: hasta dónde llevar el principio constitucional de no intervención cuando otro Gobierno elimina mecanismos básicos de democracia representativa.
México no defendió expresamente la decisión de Ortega ni avaló la desaparición de las elecciones. Pero tampoco respaldó el mecanismo aprobado por la mayoría de la OEA para discutir medidas frente al deterioro democrático.
Así, mientras 29 países optaron por escalar diplomáticamente la respuesta, México eligió abstenerse y apostar por el diálogo, incluso después de que Ortega cerrara públicamente la puerta a que los nicaragüenses vuelvan a decidir mediante elecciones quién gobierna su país.



















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