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Mano Negra

Circula ya “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”

El poder y el péndulo

Por: Héctor González Escobar

Hay fotografías que cuentan la historia reciente de México, mejor que cualquier discurso.

Una de ellas está en el nuevo libro de Integralia y la Universidad de la Libertad: “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”.

Es Luis Carlos Ugalde, director general de Integralia Consultores y coordinador editorial de la obra, quien señala que este estudio muestra cómo ha cambiado el poder político en México a través del análisis de cerca de 485 millones de votos en 12 elecciones federales.

¿Cómo cambió la democracia mexicana entre 1991 y 2024?, se pregunta el académico, y señala los puntos clave de la obra:

• Evolución electoral: El análisis recorre más de tres décadas de vida democrática usando datos duros, mapas y gráficas interactivas.

• De la hegemonía a la competencia: Explica la transición desde el dominio histórico del PRI hacia una etapa de competencia entre varios partidos y alternancias en el poder.

• Nueva concentración: Identifica que en la etapa más reciente se observa el ascenso de Morena y un proceso de nueva concentración política en el país.

• Enfoque basado en urnas: La propuesta central es contar la historia reciente de México de forma visual y objetiva, partiendo estrictamente de los resultados en las urnas y el comportamiento del voto.

Durante más de tres décadas, el mapa electoral de México se transformó profundamente: del predominio del PRI, a una etapa de competencia multipartidista y alternancias, hasta el ascenso de Morena y una nueva concentración política.

En el nuevo estudio de @Integralia_Mx y @ULibertadMX, precisa Ugalde, contamos ese proceso a través de mapas, gráficas y datos electorales.

El estudio es completamente digital y su navegación es interactiva: desde tu teléfono o computadora pueden recorrer los datos, explorar las gráficas y consultar los mapas que muestran cómo fue cambiando el voto en México a lo largo del tiempo.

El objetivo es observar la transformación en perspectiva: cómo se redistribuyeron los votos, qué tan competidas fueron las elecciones, cómo cambió el peso de los partidos y qué ocurrió con la representación política.

Más de tres décadas de elecciones permiten contar una parte importante de la historia reciente de México desde un lugar muy concreto: las urnas.

Son mapas electorales. Pero, en realidad, son radiografías del poder.

EL DINOSAURIO SEGUÍA EN PIE

En 1991, el PRI parecía invencible. Obtuvo 58.5 por ciento de los votos para diputados federales y ganó 254 de los 300 distritos de mayoría.

El dinosaurio seguía en pie.

Pero el mapa comenzó a cambiar.

La competencia electoral, las reformas políticas y el crecimiento de la oposición fueron modificando, elección tras elección, el reparto del poder.

En 1997, y aquí de nueva cuenta me refiero en primera persona al tema, llegó el gran aviso: el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.

México descubrió entonces que gobernar también podía significar negociar.

Durante más de dos décadas ningún partido consiguió controlar por sí solo la Cámara baja. Hubo gobiernos divididos, alianzas, acuerdos, desencuentros y, desde luego, muchas negociaciones bajo la mesa y sobre ella.

EL PÉNDULO CAMBIÓ DE LADO

Hasta que llegó 2018.

Morena irrumpió con una fuerza que modificó nuevamente el mapa político.

Y en 2024 alcanzó 40.8 por ciento de los votos de mayoría relativa para diputados federales, el porcentaje más alto obtenido por un partido desde 1994.

El péndulo había vuelto a cambiar de lado.

Pero aquí aparece la pregunta incómoda.

¿Qué ocurre cuando una fuerza política que llegó al poder cuestionando la concentración del poder termina disponiendo de una capacidad legislativa extraordinaria?

El PRI conoció durante décadas lo que significa tener una enorme concentración de poder.

Ahora Morena enfrenta una circunstancia diferente: tiene la oportunidad de demostrar qué hace una mayoría cuando no necesita de la oposición para sacar adelante buena parte de su agenda.

Y ahí está el verdadero desafío.

Porque los contrapesos eran fáciles de defender cuando se estaba en minoría. La prueba llega cuando se tiene la mayoría. La historia electoral mexicana demuestra que ninguna hegemonía es eterna.

El mapa de 1991 no es el de 1997; el de 2000 no es el de 2012; y el de 2018 no es el de 2024.

Los electores cambian. Los partidos cambian. Las mayorías cambian. Lo que no debería cambiar son las reglas que permiten que ese relevo ocurra.

Por eso, más allá de Morena, del PRI, del PAN o de cualquier otro partido, la pregunta de fondo es institucional: ¿Los contrapesos que México construyó durante tres décadas serán suficientemente sólidos para resistir cuando el péndulo vuelva a moverse?

Contrapesos que Morena se ha encargado de desactivar en virtud de sus mayorías en 2018 y 2024, encaminadas más a una predictadura.

NINGUNA MAYORÍA ES PARA SIEMPRE

Porque tarde o temprano el péndulo se moverá.

Y cuando lo haga, quizá quienes hoy tienen la mayoría necesiten las mismas reglas que ayer pedían quienes estaban en la oposición.

Esa es la ironía de la política.

Los mapas electorales no solamente muestran quién ganó. También muestran que ninguna mayoría es para siempre.

Hoy el poder puede sentirse dueño del mapa. Mañana, quizá tenga que aprender nuevamente a leerlo desde la oposición.

Y ahí podemos encontrar la verdadera narrativa, de la fotografía que muestra el libro “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”.

ALACENA

Los mexicanos satisfechos. Dada su trascendencia, la publicación de la “Historia visual de la transición mexicana a la democracia, 1991-2024” fue observada por diversos analistas desde diferentes ángulos. Ciro Gómez Leyva califica como espectacular el trabajo que acaban de difundir Integralia Consultores y la Universidad de la Libertad: Un despliegue de mapas y estadísticas que termina convirtiéndose en una de las crónicas más potentes sobre los últimos 30 años electorales, políticos, sociales y anímicos del país.

Nos recuerda de golpe, por ejemplo, que en ese lapso han competido 26 partidos, 19 de los cuales ya no existen.

O, afirma que en 1991 podían votar 37 millones y hoy pueden hacerlo cien millones. De los muchos cuadros y datos, me quedo, dice, con uno que, con base en el Latinobarómetro pregunta a los mexicanos qué tan satisfechos están con sus vidas: En 2008, la respuesta positiva era de 67%, pero, al triunfar López Obrador, la cifra subió a 84%. El último dato disponible la situaba en un notable 82% en 2024.

Le pregunté a Luis Carlos Ugalde, destaca Ciro, a qué creía que se debía ese dato; y su análisis fue sencillo y claro: el arribo de López Obrador generó un gran entusiasmo, y la inclusión del concepto “pueblo” fue muy bien recibida por mucha gente que, además de sentirse incorporada, comenzó a recibir los beneficios de los programas sociales. “Lograron recuperar así el optimismo”, precisó Ugalde.

Y respondió la ultima pregunta: ¿Se ha perdido ese impulso en los tiempos de Claudia Sheinbaum?

En ocho meses lo vamos a medir con votos, finalizó el ex presidente del IFE y Coordinador Editorial de la obra.

Más de lo mismo. Si las encuestas fueron el instrumento para decidir, ¿por qué no ponerlas sobre la mesa?

Ayer, 28 de septiembre Morena cerró la definición de sus 17 coordinaciones estatales rumbo a las elecciones de 2027.

Los 17 perfiles

EstadoPerfil definido
AguascalientesNora Ruvalcaba Gámez
Baja CaliforniaJulieta Ramírez Padilla
Baja California SurManuel Cota Cárdenas
CampechePablo Gutiérrez Lazarus
ChihuahuaCruz Pérez Cuéllar
ColimaRosa María “Rosi” Bayardo Cabrera
GuerreroBeatriz Mojica Morga
MichoacánCarlos Torres Piña
NayaritJasmine Bugarín Rodríguez (PVEM)
Nuevo LeónClara Luz Flores Carrales
QuerétaroSantiago Nieto Castillo
Quintana RooEugenio “Gino” Segura Vázquez
San Luis PotosíElí César Cervantes Rojas
SinaloaImelda Castro Castro
SonoraLorenia Valles Sampedro
TlaxcalaAna Lilia Rivera Rivera
ZacatecasVerónica Díaz Robles

La información publicada sobre el proceso señala que en algunos estados la encuesta no terminó por determinar directamente al perfil anunciado: por ejemplo, Héctor Santana habría quedado primero en Nayarit, pero se aplicó un ajuste de género que llevó a Jasmine Bugarín; en otros casos también hubo reclamos de participantes.

El lunes terminó el desfile de nombres, pero no terminó la discusión sobre la transparencia del método. El diario El País reportó que Alfonso Sánchez García, en Tlaxcala, y Milena Quiroga, en Baja California Sur, expresaron inconformidad; Quiroga incluso solicitó una revisión técnica de las encuestas. También se registraron resistencias de otros aspirantes, entre ellos Tatiana Clouthier en Nuevo León.

Pero más allá de los nombres, el episodio dejó una sensación ya conocida por los mexicanos: más de lo mismo.

Otra vez aparecieron las encuestas como argumento central para justificar las decisiones. Otra vez quedaron inconformes los que perdieron. Otra vez hubo reclamos, ausencias, resistencias y llamados posteriores a la unidad. Y, sobre todo, otra vez quedó pendiente la pregunta que se ha convertido en el talón de Aquiles de estos procesos: ¿dónde están las encuestas?

Porque decir quién ganó no es lo mismo que mostrar cómo ganó.

Mientras los nombres ya están sobre la mesa, los números siguen sin aparecer.

Y cuando los números no aparecen, los reclamos ocupan su lugar. No entienden que no entienden.

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