Andrés Filomeno Mendoza Celis, conocido como el “Caníbal de Atizapán”, murió el jueves 29 de octubre en el penal de Tenango del Valle, donde cumplía ocho sentencias condenatorias por feminicidio, homicidio y delitos relacionados con desapariciones.
El feminicida serial fue encontrado sin vida dentro de su celda, en un área destinada a internos adultos mayores con enfermedades crónicas. Su muerte ocurrió cinco años después de su detención, que permitió descubrir restos humanos correspondientes a por lo menos 19 personas en una vivienda de Atizapán de Zaragoza.
De acuerdo con reportes que citan a autoridades mexiquenses, el fallecimiento fue atribuido a causas naturales. Mendoza Celis padecía diabetes e hipertensión y había requerido atención hospitalaria por complicaciones respiratorias. Sin embargo, la causa médica definitiva debía establecerse mediante los procedimientos correspondientes.
De una desaparición a una casa con miles de restos humanos
El caso que estremeció al Estado de México quedó al descubierto en mayo de 2021, tras la desaparición de Reyna González Amador.
El esposo de la víctima, un elemento policial, realizó indagatorias que lo condujeron hasta el domicilio de Mendoza Celis, ubicado en la colonia Lomas de San Miguel, en Atizapán de Zaragoza. En ese inmueble fue localizado el cuerpo desmembrado de la mujer.
El hallazgo desencadenó una investigación de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), que obtuvo una orden de cateo para inspeccionar la propiedad.
Los trabajos periciales permitieron recuperar más de 4 mil 300 fragmentos óseos, además de identificaciones, prendas de vestir, fotografías, bolsos y diversos objetos personales.
Según los resultados difundidos de las investigaciones, los restos correspondían a por lo menos 19 personas: 17 mujeres, un hombre y un menor de edad.
Grabaciones y registros revelaron la dimensión del caso
Dentro del inmueble, las autoridades también encontraron libretas con nombres y referencias de posibles víctimas, así como grabaciones que formaron parte de las investigaciones.
El descubrimiento de restos humanos almacenados en la vivienda dio origen al sobrenombre de “Caníbal de Atizapán”, con el que Mendoza Celis fue identificado públicamente.
Las evidencias abrieron nuevas líneas de investigación sobre desapariciones ocurridas durante años en la región, aunque el número de personas cuyos restos fueron identificados no debe confundirse con el número de feminicidios acreditados individualmente en las sentencias.
Ocho sentencias y una condena de prisión vitalicia
La primera sentencia contra Andrés Filomeno Mendoza Celis fue dictada el 18 de marzo de 2022, cuando un juez mexiquense lo condenó a prisión vitalicia por el feminicidio de Reyna González Amador.
Ese mismo año recibió una segunda condena de 55 años de cárcel por otro caso de feminicidio y desaparición.
En enero de 2023, un tribunal le impuso 92 años de prisión por delitos relacionados con la muerte y desaparición de una mujer y un menor de edad.
Durante ese año acumuló otras cuatro sentencias condenatorias, mientras que en febrero de 2024 recibió la octava resolución judicial.
En total, el feminicida acumuló una condena vitalicia, una pena de 92 años y seis sentencias adicionales de 55 años de prisión.
Murió sin cumplir siquiera una década encarcelado
Pese a la magnitud de las condenas, Mendoza Celis permaneció aproximadamente cinco años privado de la libertad, desde su captura en mayo de 2021 hasta su fallecimiento en octubre de 2026.
Durante 2025, su estado de salud se deterioró. Fue trasladado a un hospital de Toluca para recibir tratamiento por neumonía y complicaciones asociadas con diabetes mellitus tipo 2.
Finalmente, murió en el centro penitenciario de Tenango del Valle, sin que las penas impuestas llegaran a agotarse. Excélsior+1
Muere el feminicida, pero persisten interrogantes sobre sus víctimas
El caso del “Caníbal de Atizapán” exhibió la magnitud de una serie de crímenes cometidos contra mujeres y las dificultades para esclarecer desapariciones registradas durante años.
Antes de ser detenido, Mendoza Celis participaba en actividades comunitarias e incluso había ocupado un cargo vecinal en la colonia donde vivía, una circunstancia que contrastó con los hallazgos realizados por las autoridades en su domicilio.
Su muerte pone fin al cumplimiento de sus condenas, pero no resuelve por sí misma todas las interrogantes sobre el alcance de sus delitos, la identificación de las víctimas y la búsqueda de respuestas para sus familias.
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