La lucha libre mexicana, con casi un siglo de historia y una profunda raíz cultural, comienza a consolidarse como un tema legítimo de investigación académica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Así lo afirmó el académico José Ángel Garfias Frías, del Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), al destacar la creciente producción de trabajos recepcionales sobre este deporte y la necesidad de integrarlo formalmente en la agenda universitaria.
Durante el sexto Coloquio de Investigadores sobre Lucha Libre, celebrado en el auditorio “Pablo González Casanova” de la FCPyS, Garfias Frías subrayó que en México existen más de mil espacios dedicados a esta práctica, desde arenas barriales hasta recintos empresariales.
“Es inconcebible que, en casi cien años, no se haya establecido un grupo de investigación formal sobre lucha libre en el país”, expresó.
El académico, fundador del grupo Finisterra —dedicado al estudio de industrias creativas como videojuegos, manga, cómics y lucha libre— explicó que en países como Estados Unidos el wrestling cuenta con una sólida infraestructura de promoción, difusión y análisis.
En contraste, México apenas comienza a reconocer el valor académico de su propia tradición luchística, pese a su impacto global.
“La lucha libre mexicana ya no compite con el wrestling estadounidense o la lucha japonesa; ahora es reconocida internacionalmente por su estilo, narrativa y simbolismo”, señaló Garfias Frías, quien también recordó que el 21 de septiembre se conmemora el Día Nacional de la Lucha Libre y del Luchador Profesional Mexicano.
Uno de los momentos más emotivos del coloquio fue la participación de “El Enviado”, luchador profesional y egresado de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM.
En su investigación de maestría, propuso que la lucha libre sea considerada un deporte de alto rendimiento, al tiempo que presentó un diagnóstico sobre las condiciones laborales de los luchadores capitalinos: bajos ingresos, lesiones frecuentes y ausencia de prestaciones.
“El Enviado” instó a actualizar el reglamento de la Comisión de Lucha Libre —vigente desde 1994 y aún referido al extinto Distrito Federal—, renovar la base de datos de luchadores con licencia y crear la figura del trabajador social deportivo para atender las necesidades del gremio.
También participó Angie Roux, pionera como mujer anunciadora en los cuadriláteros mexicanos, quien compartió su experiencia en el pancracio nacional e internacional.
“La exigencia era evidente, solo por ser mujer. Pero la lucha libre me permitió crecer y entender que es reflejo y apología de la vida misma”, concluyó.
Con este impulso académico, la UNAM abre camino para que la lucha libre deje de ser solo espectáculo y se convierta en objeto de análisis, reflexión y reconocimiento institucional. A ocho años del centenario de este deporte en México, el cuadrilátero se transforma en aula.















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