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Sarampión: Signos clínicos, formas de contagio, prevención y el contexto epidemiológico actual

El sarampión, enfermedad viral altamente contagiosa y potencialmente grave, está experimentando brotes preocupantes en México y otras regiones.

El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa causada por el virus del sarampión (rubeola), que se transmite con facilidad por gotículas respiratorias cuando una persona infectada tose o estornuda. El virus puede permanecer activo en el aire o en superficies durante horas, lo que favorece su rápida diseminación en comunidades con bajos niveles de inmunización.

Los primeros síntomas suelen aparecer entre 7 y 14 días después de la exposición e incluyen fiebre alta, tos persistente, secreción nasal y ojos rojos y llorosos (conjuntivitis). Unos días después puede aparecer el clásico sarpullido rojo que inicia en la cara y se extiende hacia el tronco y las extremidades; también pueden verse pequeñas manchas blancas en el interior de la boca (manchas de Koplik).

Aunque muchas personas se recuperan con atención básica, el sarampión puede causar complicaciones graves, especialmente en niños menores de cinco años, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con el sistema inmunitario debilitado. Entre ellas se encuentran neumonía, otitis, diarrea, encefalitis (inflamación del cerebro), ceguera y en casos severos la muerte.

En México y en la región de las Américas se ha observado un alarmante aumento de casos que ha llevado a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a emitir alertas epidemiológicas. En los primeros meses de 2026, México encabezaba la lista de países con mayor número de infecciones confirmadas, muchas de ellas en personas no vacunadas, un factor que expertos identifican como principal motor de los brotes actuales. Existe incluso la preocupación de que México pudiera perder su estatus de país libre de sarampión si no se controla la transmisión.

La prevención se basa en la vacunación efectiva: la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola, MMR) es segura y, tras dos dosis, ofrece hasta 97 % de protección contra el sarampión. La inmunización no solo protege al individuo, sino que también fortalece la inmunidad colectiva, reduciendo la circulación del virus y protegiendo a los más vulnerables.

No existe un tratamiento antiviral específico; la atención clínica se centra en aliviar síntomas, mantener hidratación, controlar la fiebre y prevenir complicaciones. En algunos casos se recomienda la suplementación con vitamina A, especialmente en niños, para reducir la gravedad de la enfermedad.

Ante brotes activos, las autoridades de salud enfatizan una vigilancia epidemiológica reforzada, campañas de vacunación masiva, e información pública para aumentar coberturas y frenar la propagación del virus. El descenso de tasas de vacunación en los últimos años ha sido señalado por especialistas como el principal desafío para contener el resurgimiento del sarampión.

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