La decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de proponer a Roberto Lazzeri como embajador de México en Estados Unidos ha provocado cuestionamientos sobre la idoneidad del perfil para encabezar la principal representación diplomática del país.
Lazzeri llega desde el ámbito financiero. Actualmente dirige Nacional Financiera y Bancomext, además de haber ocupado posiciones en la Secretaría de Hacienda relacionadas con deuda pública y financiamiento. Sin embargo, no registra trayectoria en el Servicio Exterior Mexicano ni antecedentes como embajador o cónsul.
El relevo ocurre en una coyuntura delicada. En los próximos meses iniciará la revisión del T-MEC, mientras persisten presiones bilaterales en seguridad, migración, acero, aluminio y sector automotriz. Para analistas, la embajada en Washington exige capacidad de negociación política, conocimiento institucional y redes en el Congreso estadounidense.
Otro punto bajo observación es un posible conflicto de interés político-administrativo. Hasta ahora, Lazzeri encabezaba organismos financieros del Estado que mantienen interlocución constante con bancos, inversionistas y reguladores de Estados Unidos. Su paso inmediato a la embajada podría generar dudas sobre la frontera entre la promoción económica y la representación diplomática, aunque hasta el momento no existe acusación legal alguna.
Desde el gobierno federal, la apuesta se defiende como una estrategia pragmática. Sheinbaum sostuvo que el funcionario mantiene buena relación con dependencias mexicanas y contrapartes estadounidenses, especialmente en temas comerciales, prioridad central de la agenda bilateral.
Si Washington concede el beneplácito y el Senado mexicano ratifica la designación, Lazzeri sustituirá a Esteban Moctezuma en una plaza donde los resultados suelen medirse no sólo en cifras económicas, sino en capacidad política para contener crisis entre ambos países.















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