A cuatro años del colapso de un tramo elevado de la Línea 12 del Metro, ocurrido entre las estaciones Olivos y Tezonco, la tragedia continúa marcada por reclamos de justicia y cuestionamientos sobre responsabilidades.
La noche del 3 de mayo de 2021, alrededor de las 22:20 horas, una trabe del viaducto elevado cedió mientras un tren circulaba, provocando la caída de dos vagones sobre la avenida Tláhuac. El accidente dejó un saldo de 27 personas muertas y al menos 80 heridas, convirtiéndose en el siniestro más grave en la historia reciente del Sistema de Transporte Colectivo.
A cuatro años del hecho, familiares de las víctimas sostienen que la justicia sigue pendiente. Aunque autoridades capitalinas reportan acuerdos reparatorios para la mayoría de los afectados y apoyos económicos e institucionales, persiste la inconformidad por la falta de sanciones firmes contra los presuntos responsables.
Investigaciones técnicas posteriores señalaron deficiencias estructurales, entre ellas fallas en la construcción y en las soldaduras del puente elevado, lo que habría provocado fatiga en la estructura hasta su colapso.
El caso también mantiene abiertos procesos judiciales contra exfuncionarios vinculados al diseño, construcción y supervisión de la obra. Sin embargo, las audiencias y litigios se han prolongado, lo que ha alimentado la percepción de impunidad entre víctimas y organizaciones civiles.
En el ámbito social, el accidente dejó secuelas duraderas: sobrevivientes con lesiones permanentes y familias que aún enfrentan consecuencias económicas y emocionales. A la par, la Línea 12 ha sido objeto de rehabilitaciones, estudios estructurales y monitoreos constantes desde su reapertura parcial.
En cada aniversario, colectivos y familiares realizan actos conmemorativos en el sitio del colapso, donde reiteran una demanda central: verdad, justicia y garantías de no repetición.















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