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Planta de amoniaco en Topolobampo reaviva conflicto social y ambiental tras llegada de maquinaria

Maquinaria reactiva protestas por megaproyecto en Bahía de Ohuira

La llegada de maquinaria industrial al puerto de Topolobampo reactivó uno de los conflictos socioambientales más prolongados y controvertidos de México. Comunidades indígenas yoreme-mayo, pescadores y organizaciones ambientalistas intensificaron sus protestas contra la construcción de la planta de amoniaco de Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), un proyecto que ha dividido a la población de Sinaloa durante más de una década.

Los opositores instalaron bloqueos y mantienen movilizaciones para impedir el traslado de equipos destinados a la obra, luego de que arribara al puerto maquinaria procedente de Alemania. Las manifestaciones se concentran en las inmediaciones de la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona), donde activistas denuncian que la construcción amenaza la biodiversidad de la Bahía de Ohuira y el modo de vida de las comunidades pesqueras de la región.

El proyecto busca producir amoniaco a partir de gas natural para la fabricación de fertilizantes agrícolas, una actividad que sus promotores consideran estratégica para fortalecer la producción agroalimentaria del país. Sin embargo, sus detractores sostienen que la planta se ubica dentro del sistema lagunar Santa María-Topolobampo-Ohuira, un humedal de importancia internacional reconocido como sitio Ramsar, por lo que advierten posibles afectaciones ecológicas irreversibles.

La disputa también tiene un componente jurídico. Desde hace años, comunidades indígenas han promovido amparos y recursos legales argumentando que el proyecto avanzó sin una consulta previa, libre e informada. La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha emitido resoluciones relacionadas con el derecho de los pueblos originarios a participar en decisiones que impacten su territorio y ecosistemas.

Mientras organizaciones ambientales califican la obra como un posible «megaecocidio» y exigen su cancelación definitiva, otros sectores productivos, agricultores y líderes comunitarios respaldan la inversión al considerar que generará empleos y fortalecerá la industria de fertilizantes en el noroeste del país. Incluso autoridades tradicionales yoreme-mayo han manifestado públicamente su apoyo al proyecto y han pedido respeto a los resultados de los procesos de consulta realizados.

En medio de la creciente tensión, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) informó que el proyecto mantiene vigentes sus autorizaciones ambientales, aunque permanece sujeto a supervisión y vigilancia por parte de las autoridades federales.

Con el arribo de nueva maquinaria y el avance físico de la construcción, el conflicto en Topolobampo entra en una nueva etapa. Lo que para unos representa una oportunidad de desarrollo industrial y agrícola, para otros simboliza una amenaza directa contra uno de los ecosistemas costeros más importantes de Sinaloa y los derechos de las comunidades que dependen de él.

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