Por Héctor González Escobar
En el debate y en los hechos, respecto a la discusión de los Derechos de las Audiencias, salió ilesa la libertad más importante de la democracia: la libertad de expresión.
Después de semanas de polémica, críticas y advertencias de organizaciones, medios de comunicación y periodistas, el Pleno de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, CRT, aprobó finalmente los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias.
Y, para decirlo sin rodeos: sí hubo reversa; el texto aprobado y publicado este 28 de agosto en el Diario Oficial de la Federación, y que entrará en vigor 30 días naturales después de su publicación, ya no es el mismo que provocó la alarma.
Algo tuvieron que escuchar allá en Palacio.
El resultado que se dio a conocer el pasado 26 de agosto por parte de la presidenta del organismo, Norma Solano Rodríguez, es considerablemente superior toda vez que acota las sanciones a incumplimientos, protege a las audiencias, conserva códigos de ética y defensorías, y de manera notable, impide convertir al Estado en árbitro de la verdad periodística.
En la consulta realizada del 27 de de julio, al 21 de agosto, en la que participaron 8,000 personas, y se emitieron 8,889 comentarios, el 82 por ciento de estos últimos rechazaron el proyecto original, mientras que el 9.7 por ciento, se manifestó a favor.
La CRT destacó además en un comunicado que “el mensaje de miles de personas ha sido claro: quieren medios de comunicación indepenedientes de cualquier revisión oficial.”
La amenaza más delicada del proyecto original estaba en esas palabras aparentemente inocuas que podían convertirse en una peligrosa herramienta de poder: “información falsa” y “descontextualizada”.
Porque entonces surgía la pregunta elemental:
¿Quién decide qué es falso?
¿El periodista?
¿El director del medio?
¿La Defensoría de las Audiencias?
¿La CRT?
¿Un burócrata con facultades regulatorias?
¿O, de plano, una autoridad administrativa convertida en árbitro de la verdad?
Ese era el problema.
Y ese problema, al menos en buena medida, fue retirado del texto gubernamental.
La versión aprobada elimina aquellas referencias que podían abrir la puerta a que la autoridad terminara calificando contenidos periodísticos. La propia CRT sostuvo también que no revisará contenidos ni decisiones editoriales.
Bien.
Porque el Estado puede reglamentar frecuencias, concesiones, procedimientos y obligaciones regulatorias.
Lo que no puede hacer —sin entrar en una zona constitucionalmente riesgosa— es convertirse en editor de los medios de comunicación.
¿Y SI NO?
Si los Lineamientos se aplican exactamente como fueron presentados el fin de semana pasado, la historia podría terminar siendo menos dramática de lo que algunos anticipabamos.
Las audiencias tendrán mecanismos para reclamar.
Los medios deberán contar con Defensoría de Audiencias.
Tendrán que disponer de códigos de ética.
Deberán distinguir información de opinión y publicidad de contenido.
Y tendrán procedimientos para atender inconformidades.
Nada de eso debería espantar a nadie.
Al contrario.
Una audiencia informada también necesita mecanismos para reclamar cuando un medio viola sus propias reglas.
El problema nunca fueron los derechos de las audiencias.
El problema era quién tendría la última palabra sobre lo que los mexicanos podían considerar verdadero, falso, contextualizado o conveniente.
Y ahí la diferencia es enorme.
¿Y SI SÍ?
Ahí está el pequeño detalle.
Porque una cosa es lo que dice el reglamento y otra, bastante distinta, cómo se aplicará.
Hoy la CRT asegura que no revisará contenidos ni decisiones editoriales.
De acuerdo.
Ahora habrá que verlo cuando llegue la primera queja políticamente incómoda.
Porque será muy sencillo respetar la libertad editorial cuando alguien reclame por un horario, una identificación publicitaria o una deficiencia administrativa.
La verdadera prueba llegará cuando la queja sea por una investigación periodística.
Por una entrevista incómoda.
Por una crítica al gobierno.
Por una acusación contra un funcionario.
Por una información que el poder considere “inexacta”.
O por una opinión que alguien pretenda disfrazar de noticia.
Y ahí veremos de qué están hechos los Lineamientos.
Porque la censura moderna no necesariamente llega con tijeras. Ya lo he expresado aquí mismo con anterioridad.
A veces llega con un oficio.
Con una recomendación.
Con una interpretación administrativa.
Con un procedimiento.
Con una multa.
O simplemente con la amenaza de que pueda llegar.
Por eso no basta con celebrar que desaparecieron del texto las palabras más peligrosas.
Ahora habrá que vigilar las facultades que permanecieron.
LA CONSTITUCIÓN MARCA EL LÍMITE
Los artículos 6º y 7º constitucionales no fueron plasmados para proteger únicamente las opiniones agradables.
Protegen, precisamente, las incómodas.
Las críticas.
Las que molestan.
Las que cuestionan al poder.
Las que hacen que algún funcionario levante el teléfono y pregunte:
“¿Y eso quién lo dijo?”, o como lo ha expresado la propia Claudia Sheinbaum, “tomen nota…”
Porque una democracia no se mide por la libertad que tiene la prensa para elogiar al gobierno.
Se mide por la libertad que conserva para criticarlo sin pedir permiso.
Y aquí está el punto que no debemos perder de vista: El derecho de las audiencias a recibir información no puede convertirse en el derecho del Estado a decidir qué información debe recibir la audiencia.
Las audiencias tienen el derecho a recibir información veraz, plural, y oportuna, especialmente en programación noticiosa. Y a que la publicidad o propaganda no sea presentada como información periodística.
Son cosas radicalmente distintas.
LA CONSULTA SIRVIÓ
Hay otro dato que tampoco debe pasar inadvertido.
La consulta pública produjo miles de observaciones y una fuerte reacción de los medios y de organizaciones vinculadas con la libertad de expresión, y como advertimos líneas arriba, con un alto porcentaje de rechazo.
Y el proyecto cambió.
Eso demuestra que la participación pública todavía puede modificar una decisión regulatoria antes de que se convierta en norma.
También demuestra algo más: Cuando periodistas, medios, organizaciones y ciudadanos dejan de discutir por separado y ponen el foco en la libertad de expresión, el poder tiene que escuchar.
Aunque sea un poco.
Aunque sea tarde.
Aunque sea a regañadientes.
NO ES PARA ECHAR LAS CAMPANAS AL VUELO
Tampoco se trata de declarar una victoria definitiva con la publicación de las nuevas normas.
La libertad de expresión no queda protegida porque un funcionario diga que será respetada.
Queda protegida cuando la autoridad carece de instrumentos para limitarla arbitrariamente y cuando, si intenta hacerlo, existen jueces, instituciones y ciudadanos capaces de frenarla.
Por eso habrá que leer con lupa el texto definitivo.
Y habrá que observar la primera aplicación.
Y la segunda.
Y la tercera.
Porque los reglamentos se conocen verdaderamente cuando dejan de estar escritos y comienzan a utilizarse.
¿Y SI NO? ¿Y SI SÍ?
¿Y si no hay censura?
Qué bueno.
Que los derechos de las audiencias funcionen.
Que los medios rindan cuentas.
Que haya pluralidad.
Que exista derecho de réplica.
Que los códigos de ética sirvan.
Que la audiencia tenga mecanismos eficaces para reclamar.
Nadie debería oponerse a eso.
¿Y si sí?
¿Y si mañana alguien pretende utilizar los Lineamientos para presionar a un medio?
¿Y si una queja se convierte en pretexto para revisar una investigación?
¿Y si una recomendación termina convirtiéndose en presión?
¿Y si una autoridad comienza a interpretar qué es “veraz”, qué es “plural” y qué es editorialmente aceptable?
Entonces habrá que recordar algo elemental:
La libertad de prensa no pertenece al gobierno, ni a los medios, ni a los periodistas: Pertenece a la sociedad.
Porque cuando el poder controla la información, la primera víctima no es el periodista. Es el ciudadano que deja de saber dónde termina la información y dónde comienza la versión oficial.
Por eso, sí: bienvenida la protección de las audiencias.
Pero con una condición irrenunciable:
QUE QUIEN PROTEJA A LA AUDIENCIA, NO TERMINE PROTEGIÉNDOLA DE LA VERDAD QUE AL PODER LE INCOMODA.














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